Cada vez que los empleados del Chase Bank en Texas le preguntaban a Héctor Javier Villarreal Hernández cómo ganaba su dinero, él daba una respuesta diferente.
Decía que provenía de los negocios de restaurantes de su familia en México, o de una concesionaria de Mercedes Benz que poseía, o de la venta de aviones que entregó al estado de Coahuila, que limita con Texas desde Laredo hasta el parque nacional Big Bend.
«Los empleados del Chase investigaron a Villarreal Hernández una y otra vez entre 2008 y 2010, según los registros judiciales presentados en San Antonio y Corpus Christi. La cantidad de dinero aumentó de varios miles de dólares en depósitos en efectivo a decenas de millones de dólares en transferencias electrónicas desde México.
Los documentos judiciales detallan lo que expertos en lavado de dinero consideraron una serie de señales de alerta: Villarreal Hernández dio explicaciones contradictorias y siempre cambiantes sobre su riqueza.
Trató de ocultar al Chase que, de hecho, era uno de los funcionarios públicos más poderosos de Coahuila.
Fue arrestado por autoridades mexicanas en 2011 acusado de defraudar al Gobierno de Coahuila. Pero, a pesar de todo eso, el banco siguió haciendo negocios con él hasta febrero de 2012, es decir, cuando un investigador de la Procuraduría General de Texas entró en una sucursal del Chase en la zona norte de San Antonio con una orden de registro en busca de información sobre las cuentas de Villarreal Hernández.
El investigador encontró 6.5 millones de dólares que, según acusaciones en los documentos judiciales, el Chase sabía que pertenecían al extesorero del estado de Coahuila, distribuidos en ocho cuentas diferentes.
«No hay indicios en los registros de la corte federal ni en disposiciones regulatorias de que el banco, o cualquier persona asociada con él, haya enfrentado alguna vez repercusiones por las decenas de millones de dólares que Villarreal Hernández y otros les robaron a los contribuyentes mexicanos que pasaron por sus cuentas durante cuatro años, según entrevistas y revisiones de registros de tribunales federales.
El dinero que pasó por las cuentas del Chase se utilizó para comprar un condominio en la Isla del Padre, una casa en San Antonio, un centro comercial, dos complejos de apartamentos, un lavado de autos, una gasolinera en Brownsville y una farmacia al otro lado de la calle de la sucursal del Chase en el exclusivo vecindario Stone Oak de San Antonio, donde los funcionarios confiscaron los 6.5 millones de dólares de Villarreal Hernández.
Sin Embargo




