Nadie podría haber esperado que las designaciones para las candidaturas a Gobernador de las diversas coaliciones fueran tersas. Ganar y perder. Derrota y triunfo. La dualidad presente en la política. Para saber ganar hay que saber perder, versa el adagio popular. Lo que fue noche buena para unos fue tristeza y enojo para otros, y quienes tuvieron una pérdida deberán asimilarla y atravesar un tortuoso proceso de duelo.
Gabriel Rolón, destacado psicoanalista argentino define al duelo como “… un territorio oscuro, misterioso, casi inaccesible. Una conmoción que nos sorprende, nos toma desprevenidos y cambia nuestro entorno en un instante”. En el terreno de lo político, lo primero que se aprende es que hay que estar listos para ser, para no ser y para dejar de ser. Pero aquellos que no fueron y los que van a dejar de ser, forzosamente atraviesan el abismo de la pérdida, pues por más que se diga que se está preparado, dicha preparación es una falacia.
No cabe duda de que quienes participan en este juego de la política tienen en claro las reglas escritas y las no escritas. En las primeras, MORENA dio a conocer que la elección se haría a través de las polémicas encuestas, tomando como variable el famoso criterio de competitividad que cada quién lo entendió como le vino en gana. Sin embargo, a algunos personajes se les olvidó la importancia de las no escritas, como la afinidad y lealtad con el propio presidente Andrés Manuel López Obrador y la garantía de la gobernabilidad.
Muchos daban por hecho que en Oaxaca abanderaría los trabajos de la cuarta transformación la Senadora Susana Harp. Lo mismo sucedió en Durango., todo indicaba que sería el Senador José Ramón Enríquez el que se haría con la candidatura. Como lo anticipamos en la colaboración próxima pasada, la novela de la designación de MORENA en nuestra entidad se tituló: todos contra José Ramón, y los “todos” ganaron. Para el prestigiado galeno es un trago amargo, una herida narcisista. Su reacción ha sido, como lo denominamos en la psicoterapia, a través de las defensas maniacas. Negación, triunfo y desprecio antes que aceptar la realidad por más dolorosa que sea.
Él sabe perfectamente que no le dará ningún resultado la impugnación. Avisar que hará una caravana es un sinsentido. Esto no hará más que corroborar a AMLO que no garantizaría la disciplina férrea que quiere el mandatario con los gobernadores emanados del movimiento que él mismo fundo. La conducta es lo más predecible del ser humano ya que tiende a ser repetitiva. El aprendizaje de las experiencias haría que el médico sub especialista cambiara su discurso a uno de concordia, de sumar esfuerzos y de negociar lo mayor posible con el capital político que tiene. Asegurar la diputación para la siguiente legislatura federal y, ganando MORENA en 2024, quizá un espacio en el gobierno federal para regresar con bríos a buscar nuevamente la candidatura que tanto anhela.
Este escenario nunca sucederá. No sería José Ramón Enríquez. La lucha entre el presidente López Obrador y el Senador Ricardo Monreal ya es abierta y él ha tomado partido. Son apuestas. Equivocadas o acertadas, es parte de la misma política y hay que reconocerle a Enríquez Herrera que le complace adentrarse en las tempestades y salir avante.
Política y duelo van siempre de la mano. Somos quienes somos por las pérdidas que tenemos y la manera en que las enfrentamos. A inicios de febrero varios personajes del PRI y del PAN tendrán que pasar por este complejo y doloroso pero necesario e impostergable camino.
EN EL TINTERO… La marca MORENA por sí sola en la capital es endeble, quedó demostrado en las elecciones anteriores. El mayor posicionamiento social y con menores negativos los tiene el delegado de relaciones exteriores Nacho Aguado. La virtual nominación del Senador Gonzalo Yáñez es la mejor noticia para Toño Ochoa y el panismo. Se equivoca MORENA si piensa que seguimos en los noventas. @raulgonzalezr




