El Parlamento ruso aprobó por unanimidad reconocer la independencia de las autoproclamadas repúblicas populares de Donietsk y Lugansk (RPD y RPL), que suman tan sólo 30 por ciento del territorio que ocupan las regiones homónimas de Ucrania, pero el presidente Vladimir Putin está convencido de que la superficie de los “nuevos países” incluye también el 70 por ciento que no controlan los separatistas.
Según Putin, al reconocer a la RPD y la RPL, Rusia aceptó sus documentos fundamentales, en los cuales es claro que las repúblicas populares se fundaron cuando todavía formaban parte de Ucrania y así lo establece su Constitución. Dijo que la transferencia de la parte que reclaman tendrá que ser negociada directamente por éstas con el gobierno de Kiev y reconoció que ahora ello no es posible por el conflicto armado. Así que eso, indicó, es un asunto que se resolverá en el futuro.
Hasta que Putin respondió esa pregunta, al término de su reunión con el presidente de Azerbaiyán, Ilham Aliyev, para el ministerio ruso del Exterior, por conducto del vicecanciller Andrei Rudenko, era claro que se trataba de los límites que tienen al día de hoy la RPD y la RPL, por cuanto Rusia aceptó en los Acuerdos de Minsk, el segundo firmado en 2015, que siguieran formando parte de Ucrania, aunque con “estatus especial”.
Asediado por la prensa antes de que se conociera la opinión de su jefe, el vocero del Kremlin, Dimitri Peskov, tuvo que ser preguntado ocho veces por los reporteros de la fuente hasta que dijo que creía que el reconocimiento se refiere a los límites que había en 2014, cuando surgieron las “repúblicas populares”.
Confirmado por Putin, por ridículo que parezca, dos terceras partes de Donietsk y Lugansk estarían ocupadas por Ucrania y las tropas rusas –que desde el punto de vista de Moscú ya tienen fundamento legal para posicionarse en la RPD y RPL como “garantes de la paz”– podrían ayudar a recuperar el “suelo arrebatado” por el “régimen fascista de Kiev”, como lo definieron varios diputados de la Duma al apoyar la ratificación de los decretos presidenciales.
En realidad no es una cuestión menor. Al reconocer Rusia la independencia de las regiones de Donietsk y Lugansk –al margen de las sanciones que le impondrán– tendrá que asumir el enorme costo de la reconstrucción de la devastada zona, millonada que quería endosar a Kiev con el famoso “estatus especial” de los insurrectos.
La Jornada




