Santa Sofía, que se erigió como el santuario más importante en la entonces capital Rus de Kiev (Kyiv, en ruso ucraniano) y que rivaliza en importancia con la catedral de Hagia Sophia (sabiduría divina) de Estambul. La colegiata de Kiev conserva mosaicos y murales bizantinos espléndidos, y está circunvalada en su costado norte por el Gran Campanario de Lavra y el edificio de las Celdas de los Ancianos. En su entrada principal se encuentran la Residencia Metropolitana y la iglesia de El Refectorio. El ingreso a este conglomerado se hace por tres accesos, en los que sobresalen las Puertas de Zaborovsky.
A estos monumentos se suma la iglesia de El Salvador –edificada fuera de la muralla del monasterio y al norte de Kiev, en una región conocida como Berestovo–, y en forma sobresaliente el Monasterio de las Cuevas, fundado en 1069 por San Antonio El Eremita de Kiev o de Pechersk (983-1063) y por San Teodosio de Kiev o de las Cuevas (1029-1074). Este complejo religioso cobró una importancia singular y fue restaurado en los años treinta y cuarenta del siglo XVII por el teólogo moldavo Petro Mohyla (1596-1647), conocido por su nombre romanizado de Petro Symeonovych Mohyla.
De acuerdo con la primera crónica eslava del siglo XII (Crónica de Néstor), San Antonio introdujo en la comunidad rusa las prácticas teológicas del Monasterio de Esphigmenou, ubicado en Monte Athos, al norte de Grecia. Fue célebre por su renombre como eremita y la paulatina agregación de más seguidores a su movimiento hizo viable la fundación del Monasterio de las Cuevas. Junto con Teodosio de Kiev, elaboró la norma religiosa que se esparció por toda Rusia; punto de origen del misticismo monástico ruso conforme al modelo bizantino.
Ese corpus teológico tuvo su basamento en los escritos de los antiguos egipcios y de los monjes palestinos, en las prácticas ermitañas de Monte Athos y en la espiritualidad comunitaria del Monasterio de Studion de la antigua Constantinopla. Ya para el año 1250 este movimiento cenobítico contaba con más de 50 monjes como obispos.
De esta manera, el Monasterio de las Cuevas contribuyó a la formación y el desarrollo de monjes rusos, y en su época de esplendor promovió la educación, el arte y la medicina. Fuertemente hostigado durante la Segunda Guerra Mundial por las tropas alemanas, en la actualidad es uno de los centros de peregrinaje cristianos más visitados en el mundo por las reliquias que alberga y por las iglesias de sus catacumbas laberínticas.
En 1990 fue declarado patrimonio cultural de la humanidad por su valor universal sobresaliente (Outstanding Universal Value, o OUV, por sus siglas en inglés), y representa uno de los legados cardinales que se singulariza por la interacción entre la cultura Rus de Kiev y el imperio Bizantino.
Con el tiempo, empero, los constantes cambios geopolíticos transformaron la cognación entre Moscú y Kiev en una filiación compleja, mal avenida y de constantes azoramientos.
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