El 18 de marzo de 2008, en medio de la cruenta guerra que inició y con motivo del 70 aniversario de la expropiación petrolera de Lázaro Cárdenas, Felipe Calderón hizo un espectacular anuncio para México:
“Por primera vez en treinta años construiremos una nueva refinería con una inversión inicial de 12 mil millones de pesos el primer año. Con ellos se generarán miles de empleos directos e indirectos fortaleciendo la economía nacional. Al recuperar la posición que México merece en el mundo como verdadera potencia petrolera, lograremos detonar el crecimiento y el desarrollo del país”.
Todo fue una mentira: Calderón terminó su Gobierno y jamás se construyó la refinería que prometió en Tula, Hidalgo, y que se llamaría Bicentenario.
Sólo levantó una barda, que costó más de 500 millones de pesos, alrededor del terreno de 700 hectáreas que el entonces Gobernador Miguel Ángel Osorio Chong, actual coordinador de los senadores del PRI, compró a campesinos para entregárselo a Pemex, que representó a su vez un endeudamiento para los hidalguenses de más de mil 500 millones de pesos a 20 años.
A 14 años del anuncio de Calderón sobre la Refinería Bicentenario, lo único que existe es un inmenso terreno ocioso, resguardado por una barda perimetral, símbolo de otro de los fraudes de ese personaje que sigue activo en la política.
Ricardo Baptista González, exalcalde de Tula y exdiputado local de Morena, afirma que la refinería Bicentenario fue otro fraude de Calderón.
“¿Qué representa esto? Representa un gran fraude y graves daños a los habitantes de esta región”, dice Baptista, entrevistado en uno de los vértices del terreno donde se edificaría la refinería prometida por Calderón, que abarca tierras de los municipios de Tula, Tlaxcoapan y Atitalaquia.
Y es que esa obra generó, primero, resistencia de los ejidatarios y pequeños propietarios para vender sus parcelas y, luego, frustración, porque con el dinero de la venta, un millón de pesos por hectárea, muchos de ellos compraron maquinaria y equipo para participar en la construcción, que finalmente se frustró.
Enrique Peña Nieto también prometió terminar la refinería que Calderón dejó tirada, pero al igual que él mintió: En su campaña presidencial, en 2012, firmó ese compromiso ante notario público y hasta incluyó construir el aeropuerto en Tizayuca.
El 20 de mayo de 2012, ante 10 mil priistas reunidos en la Plaza de Toros de Pachuca, Peña Nieto firmó ante el notario Martín Islas Fuentes que su Gobierno sí cumpliría con la promesa de concluir la construcción de la Refinería Bicentenario en Tula (compromiso número 83) y el aeropuerto (compromiso 79).
Sin Embargo




