«Con el arribo de la iniciativa de reforma política llega una pregunta que debemos respondernos como sociedad: ¿Para quién es la democracia? Es una cuestión pertinente después de que la ciudadanía plebeya rebasó la patraña de la llamada “transición a la democracia”, de Fox a Peña Nieto, que no fue más que un acuerdo secreto entre las élites para alternarse en el poder federal y el de los estados. Vale la pena hacer el resumen de ese cuento: desde el fraude electoral que puso en la silla presidencial a Carlos Salinas de Gortari, éste utilizó sus poderes meta-constitucionales para darle a Acción Nacional gubernaturas interinas. Desde 1991, con Guanajuato, y hasta los cuatro gobernadores que Chiapas en 1994, Salinas gobernó con 17 gobiernos estatales que no habían surgido de las urnas. Ilegítimos, igual que él.
En el siguiente sexenio, el de Ernesto Zedillo, producto del asesinato de Luis Donaldo Colosio, Acción Nacional fue recompensado con la Procuraduría General de Antonio Lozano Gracia, el mismo que utilizó a una vidente, Francisca Zetina, “La Paca”, para excavar la calaca del desparecido Diputado Muñoz Rocha en el jardín de Raúl Salinas de Gortari en 1996. Zedillo terminaría por entregarle la banda presidencial a Vicente Fox en un arreglo que incluyó los votos de los diputados de Acción Nacional a favor de convertir 552 mil millones de pesos de deuda privada en deuda de todos los mexicanos, el célebre Fobaproa.
Un pago de Zedillo a los servicios de Felipe Calderón, entonces Presidente del PAN, a Diego Fernández de Cevallos, el que mandó quemar los paquetes electorales de 1988, a Medina Plascencia, el primer Gobernador de Acción Nacional designado por el dedo de Salinas, y a Santiago Creel, aquel que le dijo a López Obrador, “enfréntelo como hombrecito”, durante el desafuero como Jefe de Gobierno de la Ciudad de México»: Fabrizio Mejía.




