El gobierno de Joe Biden invierte 15 mil millones de dólares para sustituir a lo largo de una década las tuberías de plomo que abastecen de agua a 8 millones de hogares. Pero al ser este metal exportado hacia México para fundirlo y reusarlo en baterías, contaminará con su toxicidad el aire, el suelo y el agua en las áreas aledañas donde hay fundidoras en Nuevo León, Tamaulipas, Estado de México, San Luis Potosí o Jalisco con efectos irreversibles a la salud, alertaron organizaciones civiles.
El gobierno de Joe Biden invierte 15 mil millones de dólares para sustituir a lo largo de una década las tuberías de plomo que abastecen de agua a 8 millones de hogares. Pero al ser este metal exportado hacia México para fundirlo y reusarlo en baterías, contaminará con su toxicidad el aire, el suelo y el agua en las áreas aledañas donde hay fundidoras en Nuevo León, Tamaulipas, Estado de México, San Luis Potosí o Jalisco con efectos irreversibles a la salud, alertaron organizaciones civiles.
“Si permitimos que lleguen estas toneladas y toneladas de tuberías sin estándares estrictos, y que se cumplan, estaremos expuestos a estos tóxicos. Tenemos ya varias fuentes de exposición al plomo: barro vidriado, pinturas incluso en juegos infantiles y televisiones analógicas. Tal es la emergencia de exposición que la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (2019) encontró altísimos niveles de plomo en sangre en niños por encima de la norma de salud”, dijo Sofía Chávez Arce, directora de Casa Cem, una organización enfocada en el manejo de residuos.
México, con fundidoras bajo una norma muy laxa en el control de las emisiones dañinas de plomo, es el segundo importador de este neurotóxico desde Estados Unidos sólo después de la India, por lo que los activistas requirieron a la EPA que las empresas norteamericanas reciclen sus propios desechos al contar con normativas más estrictas.
De 2003 a 2021, Estados Unidos nos envió al menos 11 millones 016 mil kilogramos de desechos de plomo, de acuerdo con la Secretaría de Economía. Sólo el año pasado, el 50 por ciento de todas las exportaciones de chatarra de plomo estadounidenses se enviaron a la India y a México para su reciclaje, y el resto a China, Ecuador, Guatemala, Bangladesh, Indonesia, entre otros.
Tecnológicas como AT&T, IBM o Amazon envían las baterías de plomo usadas para reciclarlas fundiéndolas. Pero, se ha documentado desde 2011, los niveles permisibles de exposición de plomo en las plantas mexicanas es diez veces mayor que en las de Estados Unidos, lo que deriva en presencia de sangre en los trabajadores por falta de ventilación y demás medidas de control, muestra el informe “Exportando riesgos” de OK Internacional y Fronteras Comunes.
“Exportar estos residuos a otros países como México, donde los estándares de reciclaje, protección del trabajador y control de emisiones son mucho menos estrictos que en Estados Unidos, y además donde el Gobierno no tiene control ni verificación sobre estas fundidoras, es una preocupación muy seria por emisiones al aire, al agua y a la tierra que se van a todos lados, no sólo se quedan en el área de las fábricas”, aseguró Chávez.
Algunas de las fundidoras de plomo con autorización de la Secretaría de Medio Ambiente (Semarnat) son South American Metals en Chihuahua; Enertec en Nuevo León, Fundametz en San Luis Potosí; Dian Procesos Metalúrgicos en Jalisco; Funofec en Hidalgo; Industrial Mondelo en Estado de México, entre otras.
Pero, planteó Chávez, no se sabe si reportan las emisiones permitidas ni el Gobierno verifica constantemente si la débil norma mexicana se cumple. “Hay un historial muy importante en México de reciclaje inapropiado de baterías de plomo-ácido. La Norma debe actualizarse unificando los estándares y hacerse cumplir”, aseguró.
Aunque, reconoció, debe haber una presión de la industria fundidora hacia las autoridades ambientales para evitar más regulación y ahorrarse costos de operación.
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