Durante su concierto gratuito la noche de este viernes en el Zócalo capitalino, el cantautor cubano Silvio Rodríguez se unió a las protestas por la masacre estudiantil de “El Halconazo” y nuevamente dedicó “El Necio” al presidente Andrés Manuel López Obrador.
Fue una velada sabrosa cubierta de una pertinaz lluvia y las buenas vibras de libertad y energía trovadora con una Plaza de la Constitución repleta.
El recital se realizó en una fecha significativa, como parte de la conmemoración del 51 aniversario de “El Halconazo”. Y es que lograron su efecto las cartas de protesta por parte del Comité 68 y del político Marcos Rascón, toda vez que el gobierno de la 4T había anunciado la tocada gratuita de Silvio como “una fiesta”, sin reparar que el 10 de junio el pueblo mexicano recuerda cada año desde 1971 esta fecha cual día de luto nacional.
A primeras horas de la mañana justamente del 10 de junio, Silvio Rodríguez Domínguez, cubriendo su cabeza con una gorra gris europea, recibió las “Llaves de la Ciudad” y un diploma de “Huésped Distinguido” de manos de la jefa de gobierno capitalino, la sonriente Claudia Sheinbaum. Al caer la tarde fue avanzando la gran marcha convocada por el Comité 68 conmemorando la matanza del “Jueves de Corpus” con un mitin en la Plaza de la Constitución. Y al anochecer, la multitud se abrió paso al esperado espectáculo musical encabezado por el veterano representante de la llamada Nueva Trova Cubana.
Desde horas antes, el ambiente cálido prevalecía en la plancha pública. Banderas cubanas flotaban entre el gentío, al igual que banderines con el rostro de Ernesto “Che” Guevara, amén de algunas emotivas pancartas como la que inscribía: “Mi papá te escucha desde el cielo”.
La gente coreaba en hermandad el estribillo de la chilena Unidad Popular en la pieza hecha famoso por el conjunto Quilapayún justo al comenzar los años 70:
“¡El pueblo… unido… jamás será vencido!”.
Pasaditas las 20:05 horas, la cantante originaria de Coahuila, Vivir Quintana, apareció junto a su banda, mostrando fuerza escénica y tablas que mantuvo alrededor de media hora, estremeciendo al respetable con temas como “La casa de la esquina”, “Yo te espero” y “Al tiro”, para despedirse con el himno feminista “Canción sin miedo”. Quintana aprovechó para lanzar consigna “¡para todas las compañeras desaparecidas!”.
Y el cubano se dejó ir…
Poco después azotó el torrencial que remojó las candentes humanidades para dar bienvenida al trovador de 75 años de edad. Los griteríos ensordecedores de 80 mil reunidos le cobijaron y el artista, quizá sorprendido, exclamó con la gracejada:
“¡Tláloc nos quiere!”
Al igual que en sus recientes recitales en el Auditorio Nacional, por acompañamiento contó con su bien armado ensamble: Maikel Elizarde y Rachid López (guitarras), Emilio Vega (vibráfono), Jorge Aragón (piano), Jorge Reyes (contrabajo), Oliver Valdés (batería) y Niurka González (flauta).
Arrancó con los versos de “Tonada para dos poemas de Rubén Martínez Villena”, fondeado por los juegos multicolores sobre la imponente Catedral Metropolitana. Al centro del templete, el cantante movió las emociones de miles que colmaron la explanada sagrada del corazón de México, en su mayoría de un público coetáneo a su generación, con la nueva ola de jóvenes que también son cautivos de muchas de sus adictivas composiciones.
Y el cubano se dejó ir… “Casiopea”, “América” y “Viene la cosa” formaron parte del repertorio de este poeta y cantor nacido el 29 de noviembre de 1946, en San Antonio de los Baños, Cuba.
No podía faltar la onírica (¿freudiana?) “Sueño con serpientes”, y a corazón abierto, “Te amaré”, piezas que trazaron una noche de ensueño hipnotizando sus velos con la imprescindible “Mi unicornio azul”, cuando la llovizna dio tregua, entre cánticos masivos y miradas lacrimosas.
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