Días de septiembre: un viaje al sindicalismo y los abusos en el magisterio

La historia es contada como un recuerdo. Un viaje al pasado de un narrador innombrado que comparte sus días como estudiante normalista en Chihuahua, en los cuales conoce a Israel y Santiago, dos jóvenes con ideales de cambio, quienes al crecer optan por caminos distantes: el primero se suma a la estructura sindical del magisterio —en donde escala en posiciones de poder— y el segundo opta por permanecer fiel a sus principios, pese a los golpes que le irá propinando la realidad.

El relato corresponde a Días de septiembre, novela del escritor Raúl Manríquez publicada originalmente en 2009 y que ahora es reeditada por el Fondo de Cultura Económica (FCE), la cual se ambienta en un recorrido desde los años 70 hasta los primeros años del Siglo XXI y que alimenta a partir de su propia experiencia como maestro a lo largo de tres décadas y de historias que llegaron a sus odios “de carencias en las escuelas hasta situaciones de abusos de poder”.

“Pretendía aportar una perspectiva sobre estos hechos, y contando las historias, propiciar una reflexión sobre la situación y también enriquecerla explorando la vida interior de los personajes, el amor, el desamor, la nostalgia, las ilusiones, las decepciones, etcétera”, compartió el autor en entrevista con SinEmbargo.

Manriquez detalló que la novela narra historias concretas de sus personajes: Santiago, “que mantienen ese fuego encendido, ese ideal de transformar la sociedad y de tocar la vida de sus alumnas y sus alumnos”, de Israel, que se aferra el poder y lo utiliza más en beneficio de su propio proyecto político que en el de la educación.

“Y está este tercer personaje, maestro, que está contando la historia, la voz narrativa, que dubita entre serle leal a uno o a otro, siendo amigo de ambos, y esto lo mete en una situación conflictiva consigo mismo; de pronto se asume como cobarde, como débil, y más allá de la historia como maestros, o de la parte social, política de la novela, yo como autor quería reflejar la complejidad de la naturaleza humana en términos generales, que por su puesto es una aspiración que uno nunca sabe hasta qué punto logra como autor”.

En esta búsqueda por reflejar la condición humana, Raúl Manríquez ahonda en la crudeza del poder sindical, incluso hace una alusión a la maestra Elba Esther Gordillo, quien encabezó durante décadas a este gremio en medio de señalamientos de enriquecimientos y mal uso de las cuotas de los docentes.

Manríquez considera que “sigue ofreciendo muchos retos ser maestro, pero en términos de lo que está asentada la parte sociopolítica de la novela, que es el corporativismo político que se da o se daba en los sindicatos, creo que ha habido una evolución a lo largo de las décadas, conforme el país se fue democratizando”.

“Sigue habiendo cosas por resolver, por su puesto, pero esas posibilidades que tenía el poder de controlar diversos gremios, no solamente el de maestros, pienso que están bastante disminuidas en relación a cómo estuvieron, afortunadamente”, expresó.

Sin Embargo