José Miguel Vivanco conoció muy bien México durante los 28 años que, como director para las Américas de Human Rights Watch (HRW), investigó y dio seguimiento a la “catástrofe” de derechos humanos que provocaron la guerra contra el narcotráfico de Felipe Calderón (2006-2012), así como la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa y la masacre de Tlatlaya en el sexenio de Enrique Peña (2012-2018).
El abogado chileno sabe qué significa el “híjole” con el que se expresaba Calderón cuando él le exponía los casos de desapariciones de civiles detenidos por militares; entendió que Peña tenía un discurso “mecánico, de guion”, desconectado de la realidad, y desde hace muchos años ha considerado al hoy presidente Andrés Manuel López Obrador “un típico político latinoamericano, retórico y dado a los lugares comunes”.
Vivanco recuerda que, como líder opositor y como candidato a la Presidencia, López Obrador prometió sacar a los militares de la lucha contra el narcotráfico por la cantidad que acumulaban de abusos contra la población civil, y que muchas veces enarboló la causa de los derechos humanos como un tema fundamental del que él se ocuparía en caso de llegar a gobernar México.
Primero desde el Partido de la Revolución Democrática (PRD) y luego desde Morena, López Obrador fue un duro crítico de la debacle de los derechos humanos en México durante los gobiernos de Calderón y de Peña.
A Calderón, López Obrador lo considera un “usurpador y un inepto” que sumió al país en un baño de sangre con su guerra contra el narcotráfico, y a Peña le pidió renunciar cuando ocurrió la desaparición de los 43 normalistas en Iguala, Guerrero, en septiembre de 2014.
Ahora que el líder de Morena lleva tres años y medio como presidente, Vivanco sostiene, en entrevista con Proceso, que el balance del gobierno de la 4T en materia de derechos humanos es “muy pobre” en resultados y “profundamente decepcionante” por las expectativas que el gobernante había suscitado en ese tema cuando era candidato.
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