Asedian el narco y la corrupción el millonario negocio del aguacate

En los años 60 y 70 era común ver en Michoacán grandes extensiones de tierras con cientos de árboles de aguacate, su única función: brindar sombra al café, actividad que reinaba en tierras purépechas. Sin embargo, varias décadas después, el panorama del estado ubicado en el occiden-te de México ha cambiado, en parte por la creciente demanda de Estados Unidos, que se acrecienta en los días que se juega el Supertazón: los plantíos cafetaleros prácticamente han desaparecido y los árboles aguacateros proliferan, en lo que representa un acaudalado negocio de 3 mil 300 millones de dólares anuales que ha atraído al crimen organizado y a las garras de la corrupción.

Hace 40 o 50 años el aguacate (o palta como es conocido en otros países) era un fruto muy sabroso que se sembraba sólo en algunos estados del país, pero que no era muy popular debido a que su vida era muy corta, cuenta Ramón, productor de uno de los 43 municipios aguacateros de Michoacán, estado que aporta ocho de cada 10 toneladas del fruto que se producen anualmente en México.

Todo cambió, recuerda, cuando un horticultor californiano llama-do Rudolph Hass cosechó una variante que era un cruce entre un fruto de México (Atlixco, Puebla) y otro de Guatemala, bautizándolo aguacate Hass, cuya principal característica era el grosor de su cáscara, lo cual le permitía viajar por miles de kilómetros sin echarse a perder, lo que abrió el camino a la exportación, y a la postre, a ganancias millonarias.

No obstante, rememora, fue hasta la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) cuando se concre-taron las primeras exportaciones de aguacate.

Datos del Banco de México (BdeM) indican que en 1994, primer año del pacto tripartito entre México, Estados Unidos y Canadá, nuestro país exportó a EU aguacate por un monto de 29 millones de dólares, cantidad que para 1999 pasó a 59 millones y para 2009 se disparó a 645 millones, suma que no obstante, aún estaba muy lejos de los ingresos anuales que deja actualmente la venta al extranjero de este fruto.

La Jornada