El piso histórico del Partido de la Revolución Democrática (PRD) solía ser de ocho por ciento, con 5.8 millones de votos, obtenidos en las elecciones legislativas federales de 1991. Se consideraba una anomalía, resultado de una campaña de persecución y aplastamiento conducida por el gobierno de Carlos Salinas de Gortari contra el movimiento de Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano.
Su rango medio estaba entre el 16 por ciento de 1994 y el 25 por ciento de 1997, salvo los picos que obtuvo gracias al tirón que le dio Andrés Manuel López Obrador como su candidato presidencial en 2006 (35 por ciento) y 2012 (31 por ciento).
La época dorada del PRD cuando obtenía 13.5 millones de votos, en 2012 está muy lejana, pues en los últimos tres procesos federales cayó a 4.3 millones (2015), 2.9 millones (2018) y exiguos 1.8 millones (2021).
Ésta última cifra representa menos de la tercera parte de la que obtuvo tres décadas antes, y casi la novena parte de los 15.8 millones de sufragios por López Obrador en 2012.
El disparador de su desplome fue precisamente López Obrador, que abandonó el partido tras los comicios de 2012 para fundar Morena, a resultas de su choque frontal con la corriente dominante en la organización, Nueva Izquierda (conocida como “Los Chuchos”), debido a su alianza abierta con el gobierno priista de Enrique Peña Nieto, el cual, junto con el PAN, lanzaron el denominada Pacto por México.
En cada elección legislativa federal subsecuente desde entonces, el PRD ha perdido alrededor de la mitad del porcentaje obtenido en los comicios previos, desde el 27 por ciento de 2012, al 11.5 por ciento en 2015, el 5.5 por ciento de 2012, y el 3.7 por ciento de 2021, en el que quedó al borde de perder el registro como partido político (se exige un mínimo de tres por ciento).
La escisión obradorista también coincidió con el derrumbe de su poder territorial –hasta su desaparición– , así como de su poder legislativo: si en 2006 alcanzó su cénit histórico, con seis gubernaturas, 157 diputados y 36 senadores, hoy no gobierna ningún estado, y su grupo en la Cámara Baja quedó empequeñecido por sus nimios resultados, con solo 15 curules, casi la décima parte de su mejor momento.
En el Senado, su bancada se redujo todavía más por las deserciones: de los ocho escaños que obtuvo en los comicios de 2018, sólo le quedan tres.
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