El general tuvo un profundo amor a la patria y los pobres

Un disparo rugió en honor del general Francisco Villa en el centenario de su asesinato. Fue una salva de fusilería disparada por elementos del Heroico Colegio Militar para rendir homenaje al hombre que «se negó a ser esclavo» desde la misma tierra que hace 145 años lo vio nacer.

El presidente Andrés Manuel López Obrador encabezó el acto para conmemorar los 100 años de que ocho hombres emboscados lograron lo que no pudo ni el ejército estadunidense: matar al legendario revolucionario en Parral, Chihuahua. El mandatario rindió honores al líder de la División del Norte al depositar una ofrenda floral y montar una guardia al pie de su efigie.

El hombre nacido bajo el nombre de José Doroteo Arango Arámbula abandonó el seno familiar cuando apenas tenía 16 años, para convertirse en una leyenda en medio de las sierras de Durango y Chihuahua: un Robin Hood a lo mexicano.

Ese hombre que había roto su destino –no permanecer en la esclavitud que en aquella época significaba el nacer como hijo de peones– se volvió 16 años más tarde un revolucionario, que a la postre trascendería en la historia.

La Jornada