«Está científicamente probado que sufrimos una sobrepoblación de charlatanes. En un país democrático, ¿no deberían esos personajes contar con simétrica representación en el Congreso de la Unión, en el Poder Judicial o incluso en el Ejecutivo?
Si la democracia es el gobierno de las mayorías y dentro de la mayoría hay tarabillas, ¿por qué excluirles de la deliberación democrática?

El tema es serio. Los merolicos merecen un lugar, también los fabricantes de productos milagro y los que creen que la tierra es plana, lo mismo que quienes han visto fantasmas, aluxes, ángeles o zombis. La máxima tribuna de la nación debe darle voz a quienes aseguran ser la reencarnación de Jesucristo, de Buda o de Zaratustra.
No debe limitarse a nadie. Que la nación entregue poder a los hombres lobo y a las mujeres araña, a los vampiros, a los transespecie, a los satanistas y a quienes les gustaría volver a la época en que se practicaban sacrificios humanos»: Ricardo Raphael.
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