Los dos Salinas

«Un año antes de dejar la Presidencia de la República, Ernesto Zedillo le pasó al diario Reforma de la Ciudad de México un informe del Fiscal Valentín Roschacher, Procurador General de Suiza, sobre lo que se llamó “el clan Salinas”, es decir, la corrupción entre los hermanos Salinas de Gortari, mucha de su parentela, jugando con los bienes del Estado mexicano. La investigación se dio a partir de la detención en Suiza de la esposa de Raúl, Paulina Castañón, que trató de sacar dinero de las cuentas de su pareja usando pasaportes falsos, a nombre de un tal Luis Guillermo Gómez Gutiérrez y otro de nombre Juan González Cadena, dos de los sesi alias que tenía Raúl, además, de la empresa Maramex, de la que fue accionista junto con su hermano, el expresidente. Paulina Castañón fue detenida en Zurich el 15 de noviembre de 1995 y, a partir de entonces, las autoridades de justicia suizas empezaron a investigar de dónde venía todo ese dinero. Los nombres de la familia salieron por todos lados, incluyendo a Claudia Ruiz Massieu, Carlos Hank Rhon, Carlos Cabal Peniche, el abogado Arsenio Farell, Carlos Peralta, de telefonía celular, y el asesor financiero del Valle Gurría. El informe apunta: “Justamente en la época en que los testigos observaban un gran número de entregas de dinero del narcotráfico a Raúl Salinas, se giraron cheques por montos millonarios de Banca Cremi y de Somex a favor de Citibank México”. Los suizos calcularon que Raúl recibió 450 millones de dólares de “traficantes de drogas” sólo durante el sexenio de su hermano Carlos y que se le entregaban en maletas Samsonite en el Rancho Las Mendocinas, en Agualeguas, o en Laguna Madre, Tamaulipas. Los colombianos tenían apuntados los apodos de los Salinas de Gortari: “hormiga” para Carlos, “Raulito” y “Pancho” para José Francisco Ruiz Massieu, cuñado de ambos. Los donativos a la campaña electoral del PRI para la Presidencia de México se llamaban simplemente: “champaña”.

Pero en ese informe, también había una declaración juramentada del empresario de Nuevo León, Adrián Sada González, el dueño del vidrio en México y accionista en aquellas épocas doradas de Banca Serfín. Es el 21 de diciembre de 1995 y a Sada los suizos lo interrogan para que dé cuenta del origen de los recursos usados en una de las transacciones. De ella decía Sada González: “Carlos y Raúl Salinas me propusieron en 1992 participar en la subasta de una empresa de comunicación. El Presidente y su hermano querían ser accionistas financieros de manera oculta de la empresa televisora”. Era Imevisión, la televisora pública que abarcaba los canales 13 y 7 de televisión abierta y que hoy conocemos como TV Azteca. Sigue diciendo el informe suizo: “Los 15 millones de dólares depositados por Adrián Sada y su esposa Esther Chávez, fueron transferidos a una cuenta del mismo banco, el Schaffhausen, a nombre de Silver Star, cuyo apoderado firma como “Ricardo Benjamín Salinas Pliego”, presidente del Grupo Elektra.

Saco a relucir el informe suizo de una investigación que comenzó en 1995, es decir, hace casi 30 años, porque todavía no está claro quién tiene la actual concesión de TV Azteca. En el papel, es del dueño de Elektra, Salinas Pliego, pero esas transacciones en Suiza dejan ver por lo menos otra trama: Raúl Salinas le pide a Sada que le dé su dinero a Salinas Pliego, de tal forma que no quede constancia de la participación accionaria de los hermanos Salinas de Gortari en la televisora privatizada. El dinero tiene una procedencia ilícita y es lavado con la operación de Imevisión-TV Azteca. Pero va más allá: en julio de 2003, Raúl Salinas interpuso vía su abogado Juan Collado, preso durante cuatro años, de 2019 a 2023, por lavado de dinero, crimen organizado y delitos fiscales, que demande a Salinas Pliego el pago de 29 millones de dólares depositados a nombre de la empresa Silver Star. Cuando un reportero de La Jornada le preguntó a Ricardo Salinas Pliego por esa empresa, el dueño en papel de TV Azteca respondió muy a su estilo, confundiendo sinceridad con desfachatez:

—Está en Panamá y es para evadir impuestos de mis negocios»: Fabrizio Mejía Madrid.

Sin Embargo