«No hay nada más fácil que gastar el dinero público; parece que no pertenece a nadie, pero su factura siempre llega a nombre de quienes menos pueden pagarla.» — Calvin Coolidge; político republicano y trigésimo presidente de los Estados Unidos (1923-1929).
En economía, los números no tienen sentimientos, pero sí tienen consecuencias. Hoy, el Municipio de Durango goza de una salud financiera que muchos envidiarían. Según el último reporte del Centro de Estudios de las Finanzas Públicas (CEFP) al tercer trimestre de 2025, nuestra capital ocupa el lugar 55 de 2,457 municipios en el ranking de deuda, con un saldo registrado de apenas 113.7 millones de pesos.
En términos técnicos, estamos en «semáforo verde». La deuda actual es sostenible, manejable y no compromete el futuro.
Sin embargo, la Ley de Ingresos para el Ejercicio Fiscal 2026 pretende dinamitar esa estabilidad. La autorización para contraer 230 millones de pesos adicionales en deuda no es un ajuste menor; es una reingeniería financiera de alto riesgo. Matemáticas simples: sumar 230 millones a los 113 actuales implica elevar los pasivos a 343.7 millones. Estamos hablando de un incremento real del 202% de un plumazo.
¿Por qué esto es una «Alerta Estratégica» y no una simple operación de crédito? Por el contexto y la señal política. La administración actual ha decidido romper la regla de oro de la prudencia: estrangula al contribuyente con una nueva matriz catastral y tasas progresivas en el Predial y, simultáneamente, hipoteca el flujo de efectivo futuro. Tal parece que Esteban Villegas y Aispuro ya le contagiaron a Toño Ochoa la irresponsabilidad o voracidad fiscal, replicando en el Municipio los vicios financieros que tanto han lastimado al Estado.
El argumento oficial será la «inversión pública productiva». Pero, ¿dónde está el gran puente, la presa o el proyecto insignia que justifique tal endeudamiento? Al diluirse el recurso en obras menores o equipamiento, el ciudadano percibe que el dinero se esfuma en gasto corriente disfrazado, mientras su recibo de predial se dispara.
El riesgo para el Alcalde es que el dinero prestado hoy, se paga con intereses mañana. En 2027 y 2028 —años cruciales para sus aspiraciones a la gubernatura—, una parte significativa del presupuesto que debería ir a bacheo, seguridad o programas sociales, tendrá que destinarse al servicio de la deuda. Se estará atando de manos él mismo en la recta final.
Endeudarse no es intrínsecamente malo; hacerlo sin un proyecto monumental que lo respalde y mientras se castiga el bolsillo de la clase media, es un suicidio estratégico. Durango no necesita pasar del semáforo verde a la alerta amarilla solo para tener liquidez en año preelectoral. La eficiencia no se demuestra gastando lo que no se tiene, sino administrando mejor lo que ya se cobra.
Leonardo Álvarez / @leon_alvarez



