Estos cuatro poemas de Guillermo Hidalgo nos invita a sentir y reflexionar, entre otras cosas, acerca de la soledad, las partidas, la juventud, la fe, Hemingway y las visitas.
Billy The Kid y el paisaje
madre,
sucedieron algunas cosas:
desperté. quedé libre. te vi en sueños.
han sido muchos meses sin decir nada.
ahora todo parece retomar su camino.
puedo oler el océano de nuevo,
incluso me alegra ver cómo sangra
la planta de mi pie
cuando un pedazo de vidrio
se esconde entre la arena.
a veces me gusta pensar
que me esperas en casa,
que nunca tomé el revólver del abuelo
y mis chistes aún te hacen reír
igual que en mi última fiesta de cumpleaños.
madre, a veces me gusta pensar
que nunca tomé el revólver del abuelo.
Autobiografía de un hombre que lleva la memoria en sus pupilas
escribo en mi dorso.
he visto fragmentos de paraísos
a los que nunca regresaré, aunque esto ya no me duele.
a mí la lluvia me produce erupciones cutáneas.
las colillas de cigarro parecen formar un bosque,
entonces el mundo se abre un poco (solo un poco).
profundizo en mis puertas: nadie me mira de frente.
nueve de la noche, la avenida en silencio.
informo al mundo que mi cabeza está hecha pedazos,
cada vez un poco más.
recito los primeros versos de Dante
frente a un muro de barro
que me dice al oído: tú nunca naciste.
doy pasos en falso.
conozco personas atroces,
me beso
camino
bebo
disparo
despierto
con ellas
y luego nada, el silencio largo.
una vez pensé ser una mariposa,
pero no sabía nada de la vida
o de la tristeza que experimenta
una mariposa, tenía miedo de caer en un abismo
donde no pudiera encontrarme nunca más
y ahí perder lo último que quedaba de mi cara.
quizá por eso nadie me mira de frente.
escribo en mi dorso y en poco tiempo
cumpliré 24
edad en la que uno siempre se traiciona.
la cuestión es si la avenida sigue en silencio
o si ha parado de llover.




