Aunque estatutariamente están prohibidas las corrientes dentro de Morena, hay tres fuerzas que ya se mueven rumbo a 2024 y son encabezadas por Claudia Sheinbaum Pardo, Marcelo Ebrard Casaubon y Ricardo Monreal Ávila, cada una aglutinando a decenas de facciones a nivel local que de no llegar a acuerdos podrían dañar al partido, coinciden analistas.
El inciso “g” del artículo 3 de los estatutos de Morena establece que: “la participación será individual, libre y voluntaria, sin corporativismos de ninguna índole; sin que se permitan facciones, corrientes o grupos que vulneren la soberanía de la organización, es decir, su capacidad exclusiva de dirección general”.
Es decir, están prohibidas las corrientes dentro de Morena, sin embargo, la dirigencia reconoce que hay una pluralidad de pensamientos y que incluso muchas personas se suman al partido con oportunismo político, para adquirir cargos y poder, olvidando servir al pueblo, el objetivo por el cual Andrés Manuel López Obrador fundó el movimiento en 2014.
“Hay quienes se suman a Morena con un oportunismo político, porque derivado del éxito del partido muchos quieren ser candidatos no para servir, sino para ganar espacios o tener poder”, dijo en entrevista Citlalli Hernández Mora, secretaria general de Morena. “Más que corrientes, hay una pluralidad de pensamiento y el reto de la dirigencia es que esa pluralidad tenga espacios para la discusión y toma de decisiones que más favorezcan a los intereses del partido como una herramienta para el pueblo de México”.
Mario Delgado Carrillo, presidente nacional de Morena, también reconoció que en Morena “hay militantes que se creen dueños del partido” y que es normal la crítica a su dirigencia.
Para Citlalli Hernández, la no institucionalización de las corrientes ha permitido a Morena no caer en el mal que destruyó al Partido de la Revolución Democrática (PRD), además está convencida de que la autocrítica ayudará a fortalecer al partido.
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