«Un importante empresario decía hace unos meses que perseguirían a Santiago Nieto hasta el final de su vida. Se refería a que no le perdonarían los atropellos y agravios que habían resentido por parte del entonces jefe de la Unidad de Inteligencia Financiera de la Secretaría de Hacienda. Su determinación reflejaba el cúmulo de agresiones de que fueron objeto de quien era el instrumento del Presidente para amagar, hostigar y actuar, aunque fuera al margen de la ley, contra quien fuera el objetivo. Pero el gatillero empoderado fue impulsando cada vez más su agenda personal y política, hasta que una debilidad personal propició su caída de la gracia presidencial. Y como en la Tercera Ley de Newton, a cada acción viene una reacción»: Raymundo Riva.




