El periodista Federico Mastrogiovanni lleva al menos 13 años documentando el flujo migratorio que pasa por México, un tema sobre el que escribe en su libro Aquí acaba la patria (FCE), un mosaico de testimonios y de sueños de personas que atraviesan el país en busca de una mejor oportunidad.
“He podido documentar situaciones gravísimas, violaciones por parte de ciudadanos de a pie, elementos de las fuerzas de seguridad, de la oficina de migración, de grupos criminales y, a la vez, he podido documentar ejemplos de generosidad extraordinaria, casi hermandad”, comentó Mastrogiovanni.
El trabajo periodístico del autor nacido en Roma y que actualmente vive en México parte del sur del país y culmina en el norte. De esta manera muestra al lector el inicio del viaje para muchos centroamericanos en Tapachula hasta su destino en Tijuana con este matiz de violencias y bondad conviviendo como los extremos que recorren los migrantes.
De esta manera, Mastrogiovanni funde la historia de los lugares con anécdotas personales y los testimonios de migrantes, exiliados y viajeros a quienes acompaña en su recorrido y quienes son los protagonistas de los relatos que expone a lo largo de más de 300 páginas.
Cuestionado sobre la existencia de un doble discurso en el que las autoridades mexicanas hablan de ayudar a los países de donde provienen la mayoría de los migrantes centroamericanos y el despliegue de elementos de la Guardia Nacional que impiden su avance, comentó que esta segunda cara, la de la represión, siempre ha estado, no así la otra, la cual reconoce como una “contradicción que debe de existir”.
“Me parece una de esas fantásticas contradicciones que ofrece la realpolitik en la cual el gobernante tiene que lidiar con su discurso político y también con los intereses geoestratégicos de la región. ¿Es coherente? Me parece que no, pero quiero puntualizar una cosa, empecé a documentar este tránsito en 2009 y la política pública mexicana ha sido siempre en estos años muy violenta, ha sido una política coherente con lo que decidía Estados Unidos y los acuerdos internacionales. Posiblemente no había la otra parte del discurso, no había la parte que genera la contradicción, simplemente había una actitud, una decisión legítima de los gobiernos”, puntualizó.
Mastrogiovanni también planteó que el periodismo puede hacer más desde su trinchera frente a estos fenómenos migratorios. Por ejemplo, y en relación al racismo que persiste en algunas personas, explicó que hay que ofrecer claves para hacer entender “que esa persona y yo estamos en la misma condición, y en lugar de pelearnos deberíamos juntarnos para correr al patrón”.
“Para salirnos de este problema, desde el periodismo me gusta pensar que se pueden hacer propuestas alternativas a una narración lastimosa. No me gusta la narración lastimosa y no pega, o sea, si se quiere hablar como periodista a una persona que de por sí tiene razones para discrimar, si se le dice ‘pobrecito al que discriminas’, sus razones no desaparecerán”, comentó.
Y agregó: “No es que se curen de la discriminación, más bien hay que ofrecer como periodistas claves para entender que esa persona y yo estamos en la misma condición, y en lugar de pelearnos deberíamos juntarnos para correr al patrón. No tanto hacer sentir culpable, porque este tipo de narración pega a una clase media con bienestar, progresista que ya piensa así porque no tiene problemas, no está en esa confrontación”.
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