Astillero

«En apariencias demoscópicas oficializadas en Morena resultó sumamente favorecido Omar García Harfuch. De pronto, emergió en encuestas guinda como si fuera súbito campeón de la izquierda chilanga, caballeroso declinante que abrió la puerta a la dama rezagada y posesionario presuntamente legitimado de un futuro político casi ineludible: candidato preferente a una senaduría, si así lo desea, o vigilante pieza reinserta a la matriz claudista, para esperar la secretaría federal de seguridad o algún otro cargo de relevancia.

O todo: candidato a senador en campaña complementaria y personalmente redituable con Clara Brugada y luego, ya en el escaño, peticionario de licencia para pasar al gabinete She y, si no pudiera sostenerse todo el sexenio, mantener asegurada la protectora plaza legislativa.

En apariencia, quien más ganó en la feria de las candidaturas morenistas fue justamente el ex jefe policiaco que nunca ha aclarado su paso de 20 meses en el mando de la Policía Federal en Guerrero y el conocimiento o entendimiento del batidillo de corrupción e impunidad (policías, militares, políticos) que devino en la noche de Iguala en cuyas horas precisas no estuvo físicamente, aunque sí en el antes y el después, premiado con ascensos, incluso como sucesor de Tomás Zerón de Lucio en la falseadora y encubridora Agencia de Investigación Criminal.

¿La izquierda memoriosa y crítica de la Ciudad de México olvidó o se hizo desentendida respecto al historial de García Harfuch en el caso Ayotzinapa y otros más (por ejemplo, espionaje, con cita judicial de por medio)? ¿El morenismo capitalino premió la campaña dispendiosa, de financiamiento no esclarecido, es decir, oscuro, y las brigadas amenazantes que quitaban propaganda de Clara Brugada para imponer la del presunto Batman? ¿Terminaron coincidiendo las plumas del pasado, y los densos intereses proclives al cachorro del militarismo, con una apreciación izquierdista superlativa?»: Julio Hernández López.

La Jornada