Pese al potencial solar y eólico del país, en casi cuatro de cada diez hogares (Colef, 2016) sus habitantes no pueden satisfacer necesidades energéticas básicas, esto es, en 11 millones 93 mil casas, sobre todo en Chiapas, Guerrero y Oaxaca, no tienen luz eléctrica, cocinan con leña en fogones abiertos pese al daño respiratorio o carecen de un refrigerador, aire acondicionado y/o calentador, lo que puede derivar en enfermedades o incluso la muerte por deshidratación o hipotermia.
En el marco del parlamento abierto de la Reforma Eléctrica y la crisis climática, investigadores urgen a que el combate a la pobreza energética esté en el centro de la política energética nacional, ya que priva de otros derechos como la salud, el agua, la educación, la vivienda digna, la comunicación, la movilidad y un medio ambiente sano.
“En México el 99 por ciento tiene acceso a la electricidad, sin embargo no es suficiente porque muchísimos hogares no tienen acceso a los diferentes servicios que brinda la electricidad. Aún así, no hay una política pública específica que aborde el problema de pobreza energética”, dijo Rigoberto García-Ochoa, investigador del Departamento de Estudios Urbanos y Medio Ambiente de El Colegio de la Frontera (Colef) y autor de la investigación sobre pobreza energética por regiones climáticas.
Mientras la ciudadanía se polariza entre si el sector público o privado debe gestionar la energía (fósil y renovable), 4 millones 855 mil hogares (11.3 por ciento) consumen leña o carbón para calentar agua y alimentos por arraigo cultural y/o ser más baratos que el gas LP; en otras palabras, 13.5 millones de personas se exponen a la toxicidad de esos combustibles, de acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (2020). Particularmente en Chiapas, Veracruz, Oaxaca, Guerrero, Estado de México, Tabasco y Yucatán.
“Una vez fui a un doctor y me preguntó si fumaba mucho porque tenía el pulmón muy ahumado. Le dije que no. Entonces me dijo que era por el humo de las tortillas, del comal [con leña]”, comentó María, habitante de Nocutzepo, Michoacán, quien ahora usa estufas ecológicas impulsadas por la asociación civil Grupo Interdisciplinario de Tecnología Rural Apropiada (GIRA), que con una chimenea dirige el humo hacia afuera de la casa. Pero es una alternativa aislada que además requiere mantenimiento constante.
Aunque hay programas estatales de entrega de estufas y calentadores solares, Omar Masera Cerutti, especialista en bioenergía y ecotecnologías, planteó que son aislados y requieren de mayor seguimiento y participación comunitaria para quitarles su carácter de asistencialistas.
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