«México está en peligro por un virus que parecía erradicado: el virus comunista”, comenzó el conductor del noticiero de la noche de Televisión Azteca, propiedad de Ricardo Salinas Pliego. “Su resurgimiento” —siguió el presentador— “está en la educación comunista que la Secretaría de Educación Pública busca imponer a las niñas de México. Los manuales que se van a utilizar los maestros están en contra de la libertad, buscan convertirlos en esclavos sumisos de una dictadura comunista. Son las guías de la educación comunista que pretenden que los niños no lean, no aprendan Matemáticas, Lógica, Ciencia, Ética o Historia sin distorsiones, no quieren que seamos mejores. Los comunistas promueven en las guías para los maestros, el desprecio a la cultura, el trabajo a la religión, hasta la familia, se sienten empoderados y buscan generar violencia y resentimiento entre los mexicanos. Buscan acabar con México como lo conocemos. Y condenarlo a la pobreza, mediocridad y al odio, la Nueva Escuela Mexicana quiere terminar con lo mejor de la cultura mexicana, así de terrorífico”.
Al día siguiente, una conductora, Vaitiare Mateos, y dos personajes a quienes no se les puso su nombre en la pantalla, hicieron eco de su propio noticiero en TVAzteca. Ella, con voz chillante de indignación, acusó a los libros de “separar, radicalizar y dividir”. Su prueba fue menos estridente que su voz y es que se quejó de que se le llamaba “castellano” a lo que, para ella, fue, es, y será el “idioma español”. El otro acompañante extrajo de la superficie de una mesa sin asientos, uno de los libros, y enseñó a la cámara unos post-its amarillos, de los que se usan para poner recados en el refrigerador y aseguró: “porque miren que los hemos estudiado”. El hombre pasó a denunciar que en un libro de primaria se use la palabra “plenaria” en lugar de “salón de clases” y dijo, sin miedo a la pérdida momentánea de irrigación cerebral: “La palabra plenaria es total, es decir totalitaria, de un solo bloque, de un Gobierno único»: Fabrizio Mejía.




