“La institución matrimonial funcionaba vaciándose progresivamente”, planteó en entrevista el reconocido psicoanalista argentino Luciano Lutereau, quien acaba de publicar Adiós al matrimonio (Paidós) un ensayo que trata de poner en un primer plano los cambios en las configuraciones vínculo-afectivas.
“Ya no estamos en la época del matrimonio obligado sino que hay muchas maneras de relacionarnos, y este libro, justamente, apunta a esas distintas maneras de relacionarnos, donde cambia el sentido de la idea de compromiso, esto es: ¿qué nos une a otros?, la pregunta por el compromiso es: ¿qué grados de responsabilidad tenemos en el encuentro con el otro desde el punto de vista amoroso, cuando eso ya no está normativizado?”, cuestionó el autor.
Lutereau criticó cómo “el matrimonio es una institución que históricamente cuenta con cierta hipocresía” pues hacia afuera demostraba algo y hacia adentro pasaban otras cosas. “Es una institución que escondía sus violencias, la subordinación de la mujer, la autoridad del hombre, las infidelidades consentidas, muchas veces las mujeres no podían tener la misma libertad que quizás sí tenían los hombres cuando ocupaban un lugar, por ejemplo, de proveedores”.

En ese sentido, apuntó que desde el punto de vista de la desregulación de los vínculos amorosos, se ha facilitado “que de alguna manera estemos en un plano aparentemente más igualitario, a qué me refiero con esto, a que, por un lado, hoy en día las mujeres, y esto lo podemos corroborar empíricamente, pueden ser y tienen la libertad sexual que también tienen los hombres, y en la práctica del psicoanalista, las infidelidades femeninas son tanto frecuentes como las masculinas”.
Al mismo tiempo, ahondó, “la independencia económica de la mujer facilita que no tenga un lugar de subordinación dentro de la pareja, pero también es cierto que este es un esquema general e ideal, porque muchas veces las parejas quedan asociadas y no pueden separarse por falta de recursos para poder separarse. La distribución igualitaria de la infidelidad no nos hizo menos infieles por lo tanto sigue habiendo muchísima infidelidad como forma de elaboración de los conflictos amorosos”.
En ese punto, señaló que el auge de la tecnología y de las redes sociales han traído un aumento de los celos, a partir de la posibilidad de ver siempre qué hace el otro cuando no se está juntos. Eso ahora es distinto, dijo Lutereau, cuando en nuestra época las personas siempre están tratando de averiguar si el otro está en línea, si no está en línea, si está poniéndole like a alguien o si está poniendo un corazón.
“El espionaje tecnológico modificó el llamado amor romántico y lo convirtió en un amor tecnológico, y el amor a través de las tecnologías es un amor muy posesivo, es un amor muy demandante y es un amor lleno de miedos”, puntualizó.

Luciano Lutereau también habló sobre la reticencia al compromiso, que se cree, existe en las nuevas generaciones. Para él, hay que tener en cuenta que el cambio, desde el punto de vista del compromiso matrimonial a nuevas formas de compromiso simplemente es una diversificación. “Cambian las maneras, el compromiso no es solamente con el otro, es el compromiso con uno. Cuando nos comprometemos y uno se compromete con una idea de uno mismo, siempre en la idea del compromiso está el temor de quedar atrapado, el temor de no poder cumplir, el temor de que el otro no te suelte después, pero en realidad se pierde esa dimensión personal en la cual comprometerse es un compromiso con un cambio personal”.
El autor refirió, en otro aspecto, cómo ha sido sin duda un gran avance de nuestro tiempo el que las personas puedan elegir, “si en efecto quieren y están en condiciones de paternar o maternar, tarea que sin duda no puede ser impuesta, el costo muchas veces de que personas tengan hijos sin estar en condiciones es el descuido de los hijos, es que confundan a los hijos con posesiones y que en última instancia sean prolongaciones de su propio narcisismo”.
“Yo creo que el gran riesgo y el gran desafío contemporáneo es dejar de ver las relaciones humanas como relaciones de descarte, de la misma manera que en el mundo del trabajo, el trabajador se convierte cada vez más en un engranaje descartable, ahora corremos el riesgo de que en un campo de relaciones o de los vínculos afectivos, también las personas se vuelvan descartables”, ahondó.
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