El mercado negro de las no vacunas

«Una dama de lo que los clásicos llamarían de alta sociedad decidió que no se vacunaría. Como Paty Navidad o Miguel Bosé, estaba convencida de que el asunto era una patraña destinada a convertirnos en borregos de los laboratorios. Pero incluso si no lo creyera, le parecía inconcebible meterse al torrente sanguíneo algo administrado por Servidores de la Nación y enfermeras que carecen de la acreditación de un hospital Ángeles. Así que como muchas otras personas decidió mantener su cuerpo virgen de toda inoculación. El problema es que también decidió reanudar su viaje anual a Europa, dolorosamente suspendido el año anterior.

Algún familiar se alegró de la lección que por fin recibiría la encumbrada tía: ninguna línea área la trasladaría al otro lado del Atlántico sin un certificado de vacunación. O eso creía. La señora simplemente abrió la chequera y resolvió el problema; un empleado de gobierno de mano convenientemente aceitada le generó el certificado correspondiente. Ahora el sobrino espera que por lo menos alguna justicia divina le depare un contagio que, sin ser grave, obligue a las autoridades francesas a meterla en cuarentena»: Jorge Zepeda.

Milenio