El partido más viejo de México, imagen del régimen opresor, se volvió agujero negro

En los últimos días, la Senadora panista Xóchitl Gálvez ha hecho todo por acercarse al PRI después de dos resbalones que tuvo al hilo. Tal ha sido su esfuerzo que el sábado dijo incluso que sentía un gran orgullo por caminar junto al tricolor. “Yo sí quiero decirlo: estoy orgullosa de caminar con el PRI. Lo digo sinceramente, lo digo convencida. Lo digo, que lo que nos une en este proyecto es muy importante”, sostuvo en esa ocasión.

Cierto es que, si bien el PRI consolidó una estructura partidaria que logró mantener sometido a México por casi 80 años, actualmente es la marca peor evaluada, además de ser un partido que arrastra los peores niveles de aceptación, como revelan las diferentes mediaciones que se han hecho en fechas recientes.

“¿Por qué partido nunca votarías?”. Esta es la pregunta del millón que ha marcado de manera contundente al Partido Revolucionario Institucional como la institución política con mayores negativos.

El otrora partido hegemónico no sólo ha perdido territorio —ha cedido en cuatro años 11 de 12 gobiernos en su poder— y población gobernada —en el mismo tiempo pasó de gobernar a 21 millones 971 mil 839 personas a 4 millones 979 mil 421 personas—, sino que también ha incrementado el rechazo de la ciudadanía hacia él.

En este 2024, además, serán las primeras elecciones en toda su historia en las que el PRI no competirá con un candidato presidencial emanado de su militancia o siglado por ellos, y la virtual candidata del Frente Amplio por México, Xóchitl Gálvez, incluso ha desdeñado al priismo a lo largo de las últimas semanas.

“Quizá uno de los signos más evidentes, aparte de las encuestas, del desastre del PRI es el hecho de que, por primera vez en casi 100 años, no postuló un candidato presidencial que sea militante suyo. Va a postular a una candidata que no es militante suya, y que en una de esas [a Gálvez] le traicionó el subconsciente y dijo que no estaría con priistas como ‘Alito’”, señaló en entrevista el exconsejero del Instituto Electoral de la Ciudad de México (IECM), Eduardo Huchim.

En conferencia de prensa el 10 de noviembre, la abanderada de la oposición primero incluyó a “Alito” en una lista de “malos priistas” como Omar Fayad y Manuel Bartlett, y minutos después intentó rectificar. “Créanme que yo tengo un enorme respeto por el presidente del PRI, estoy contenta de ir con el PRI, con Alejandro Moreno. Hemos coincidido en sacar adelante al país y hoy me siento muy acompañada”, expresó. Incluso, le pidió disculpas al presidente priista y nuevamente reiteró al público en general que se sentía “orgullosa de caminar con el PRI”.

“El PRI está convertido prácticamente en un partido marginal, sobre todo de cara a lo que tuvo hasta hace, no muchos años es decir de un dominio en las gubernaturas de los estados incluso cuando había perdido la Presidencia de la República”, cuestionó el exconsejero Eduardo Huchim.

Es un PRI que en un plazo de 24 años terminó su estancia ininterrumpida de casi ocho décadas en Palacio Nacional, redujo en más de tres cuartas partes sus votos para representantes legislativos, y pasó de gobernar 29 entidades federativas a mantener el control de sólo dos: Durango y Coahuila.

“Yo creo que el PRI está pagando el costo de décadas de organizar fraudes electorales mayúsculos y minúsculos, desde una Alcaldía hasta la Presidencia de la República”, analizó Huchim. “El fraude electoral ha caracterizado al PRI prácticamente desde que nació. (…) Nació bajo un signo de la antidemocracia interna, que se reflejó en lo externo”.

El exconsejero recordó los “trucos” que ha empleado el tricolor para desviar el resultado electoral, desde la compra del voto y el relleno de urnas, conocido coloquialmente como “urnas embarazadas”, hasta una estrategia de movilización de casillas llamada “ratón loco”.

“Todos esos trucos que le costaron mucho a la sociedad mexicano y fueron desgastándolos, superándolos, hasta que llegó el momento que perdió la elección en el 2000”.

Algunos de los mismos priistas reconocen las fallas que ha tenido el partido y les llevaron a perder las elecciones contra Vicente Fox, de Acción Nacional.

José Encarnación Alfaro Cázares, exdiputado federal por parte del PRI y exintegrante del Comité Ejecutivo Nacional del tricolor, expuso que fue una acumulación de errores, desviaciones ideológicas, y una falta de atención al proyecto nacionalista con la adopción de estrategias neoliberales.

“Eso generó un hartazgo que obligó a muchos ciudadanos a pensar en la alternancia, y es cuando gana Acción Nacional”, resaltó. “Sin embargo, no le fue tan bien a Acción Nacional en esos 12 años que gobernó, de forma tal que la ciudadanía volvió a votar por el PRI el 2012 y recuperamos la Presidencia de la República, y con esa recuperación también ganamos nuevamente la confianza de buena parte de los ciudadanos que nos habían rechazado”.

Y aunque recuperó la Presidencia en el 2012 con Enrique Peña Nieto, el PRI obtuvo sólo siete puntos porcentuales más que el candidato de la izquierda, Andrés Manuel López Obrador, quien en dichos comicios contendió de la mano del PRD, PT y Movimiento Ciudadano.

“Ellos pensaron seguramente que el PRI había aprendido la lección del 2000. El problema es que no lo aprendimos, y en esos seis años del 2012 al 2018 no sólo repetimos errores, sino que en algunos casos hasta se exageraron las fallas, las desviaciones y la corrupción, que fue muy evidente y muy clara”, señaló José Encarnación Alfaro Cázares.

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