El poder seductor de los militares

«Pocos políticos cambiaron tanto en su transición de líderes opositores y antisistémicos a gobernantes como lo hizo Andrés Manuel López Obrador. El hombre que decía querer cambiarlo todo, que prometía en campaña y, aún hoy en su mente obnubilada cree haber “transformado” al país, no sólo mantuvo y continuó en su gobierno viejas prácticas políticas y administrativas, sino que revivió estilos autoritarios en el ejercicio del poder, exacerbó la violencia, aumentó la pobreza, destruyó el sistema público de salud y la corrupción, que fue su principal bandera política, siguió la sentencia filosófica y científica de Lavoisier: las prácticas corruptas y el saqueo de los recursos públicos, no se crearon en este gobierno, tampoco se destruyeron, simplemente se “transformaron”.

Pero de todos los cambios de personalidad y actitudes políticas que hemos visto en López Obrador, la más impresionante e increíble en su metamorfosis del poder, ha sido sin duda su forma de concebir el papel de los militares en la vida de la República. De haber sido un candidato que durante 12 años y tres campañas sostuvo con vehemencia la tesis de que el Ejército mexicano no debía participar en labores de seguridad pública porque iba en contra de su naturaleza, de gritar y proferir consignas como “el fuego no se combate con fuego”, “vamos a regresar a los militares a sus cuarteles” o denunciar que el Ejército “viola y abusa de los derechos humanos”, Andrés Manuel pasó a ser el presidente más militarista de la época contemporánea en México»: Salvador García Soto.

El Universal