«Desde 2015 cada elección se ha convertido para el PRI en una merma, en ocasiones catastrófica. Como el cuento de los perritos, el relato de los últimos años es el de una resta permanente. De las 17 entidades que gobernaba hace apenas un sexenio y las 12 con las que arrancó el periodo de López Obrador, apenas le quedan cuatro. Una y otra vez el fin de cada gubernatura en manos del PRI ha dado lugar a una inexorable pérdida. Oaxaca e Hidalgo, ahora en manos de este partido, afrontan elecciones el próximo año con la resignación anticipada que provoca una intención de voto favorable a Morena. Para cuando termine el sexenio de López Obrador, probablemente el PRI carecerá de una base territorial por vez primera en su historia. Es decir, incluso por debajo del Partido Verde, que gobierna en San Luis Potosí, o de Movimiento Ciudadano, que domina en Jalisco»: Jorge Zepeda.




