«En los últimos días he leído varios análisis que, desde perspectivas diversas, pronostican la desaparición del PRI. Las trapacerías de su presidente nacional y la pérdida de sus bastiones locales son argumentos nada desdeñables para prever que el antiguo partido hegemónico, el heredero más longevo de los partidos únicos surgidos entre la tercera y la cuarta década del siglo pasado, está en estado terminal.
Si bien comparto la idea de que la organización que aún mantiene la sigla va en camino a convertirse en una fuerza residual de la política mexicana, me temo que el influjo de la manera de hacer política que institucionalizó el PRI hacia mediados del siglo XX tiene raíces profundas en la sociedad mexicana y estamos muy lejos de erradicarla, pues sigue siendo eficaz para hacerse con el poder y controlar las consecuencias distributivas de la política en beneficio personal»: Jorge Javier Romero Vadillo.




