«Uno de los mayores peligros después de un tsunami, dicen las autoridades en la materia, es la desorientación. Al terremoto le siguen olas de masa de agua que van tierra adentro y cambian todo. Y aunque se retiran, contaminan de sal los mantos dulces. Una mezcolanza que daña plantas y especies. Cuando alguien abre los ojos después de la hecatombe, el horizonte no es el mismo y eso trae confusión.
Algo así pasó en México después de las elecciones de 2018, cuando una fuerza emergente emanó de lo más profundo y brincó todas las barreras hasta arañar, y luego cubrir, las crestas. PRI, PAN y PRD bajaron de las palmeras y, remojados, trataron de sobreponerse. En la confusión tomaron de un mismo vaso el agua dulce-salada. Cuando despertaron había cambiado el horizonte y se ayudaron a mantenerse de pie, desorientados»: Alejandro Páez Varela.




