El gobierno de Joe Biden, legisladores estadunidenses, medios nacionales y agrupaciones de derechos humanos estadunidenses, entre otros, están llamando a comenzar un juicio contra Vladimir Putin por crímenes de guerra, pero enfrentan un grave problema: Estados Unidos no reconoce, y hasta ha amenazado con represalias a la instancia internacional encargada de esos juicios, la Corte Penal Internacional.
El lunes pasado, Biden llamó a su homólogo ruso criminal de guerra, tipo brutal y declaró que debería enfrentar un juicio de crimen de guerra.
Agregó que es necesario recaudar todos los detalles para que esto pueda ser, para tener un juicio de tiempo de guerra.
Pero el mandatario estadunidense seguramente sabe que Washington no puede por sí solo llevar un caso ante la Corte Penal Internacional (CPI), ya que es uno de los pocos países que no han firmado el acuerdo que dio vida a esa instancia.
Otros políticos que repiten casi diario sus llamados por un juicio por crímenes de guerra del ruso, algo que se ha vuelto un estribillo en la retórica estadunidense, o no están enterados de que su país no ha ratificado el acuerdo internacional para ser parte de la CPI o pretenden otra cosa al proclamar su gran respeto por el derecho internacional a pesar de su historia de aplicarlo sólo de manera unilateral contra sus enemigos y rechazar su jurisdicción sobre estadunidenses y sus aliados.
Algunos usan un gran talento para darle la vuelta a ese incómodo hecho. El New York Times, en un amplio editorial el miércoles, instó por un gran esfuerzo de documentación sobre posibles crímenes de guerra en Ucrania para preparar un posible juicio. El rotativo opinó que aquellos responsables deben ser nombrados, sus acciones detalladas, y si es posible, los culpables deben ser encarcelados.
La Jornada




