No se sabe exactamente cuándo empezaron las sospechas, pero el romance de Washington con su socio y amigo Genaro García Luna, tapizado con elogios, premios, visitas e invitaciones de algunos de los más altos oficiales estadunidenses, pasó de la euforia a terminar en un tribunal federal en Brooklyn y con el ex policía en la cárcel.
El exdirector de la Agencia Federal de Investigación (AFI) y después secretario de Seguridad Pública de México fue repetidamente proclamado como la contraparte mexicana más importante de Washington entre 2001 y 2012, tanto por el gobierno del republicano George W. Bush como del demócrata Barack Obama. Estados Unidos lo consideraba socio esencial en la lucha antinarcóticos binacional. Con él se entrevistaron, pasearon y colaboraron procuradores generales, legisladores, integrantes de gabinetes y expertos de los tanques pensantes (think tank) estadunidenses.
La caída estrepitosa de García Luna, que empezó con su arresto por autoridades estadunidenses en el aeropuerto de Dallas el 9 de diciembre de 2019, también es, a primera vista, un fracaso monumental de la inteligencia estadunidense, ya que Washington continuó expresando públicamente su confianza en el ex funcionario mexicano durante su desempeño oficial en los máximos puestos policiacos.
Entre otras cosas, se espera que en su juicio se conozca a través de quién, cuándo y cómo se enteraron las autoridades estadunidenses de que su héroe antinarcóticos en México es el que ahora acusan de narcotráfico y de recibir sobornos multimillonarios para proteger al cártel de Sinaloa.
La Jornada




