Por InSight Crime
Es verano y el calor en El Salvador sofoca, José Elvis Herrera Reinoso y su familia se han reunido en la choza de una anciana que padece de diabetes. Hace apenas unos días esta señora salió inexplicablemente recuperada del hospital y están alegres por este “milagro” así que han decidido celebrarle un culto.
En las iglesias proféticas o pentecostales, los cultos no necesitan lujos, ni imágenes, solo instrumentos y la voluntad de reunirse. En lo que podríamos considerar el patio de esta choza, se ha instalado una bocina, una mezcladora, sillas y una mesa con la Biblia.
De pronto comienza la música, las alabanzas y los aplausos. “Bruno”, como lo suelen llamar desde sus tiempos en la Mara Salvatrucha 13 (MS13), una de las más temidas pandillas del mundo, toma el micrófono con pasión y empieza a leer el libro sagrado.
Las arrugas al gesticular corrugan sus tatuajes faciales. Todos alrededor cierran los ojos y gritan consignas. Están extasiados, oran en agradecimiento por el milagro que Dios derramó sobre la señora. Gritan, cantan, reflexionan y celebran la existencia de Dios.
Al final Elvis se le acerca a la señora, le unge las manos y le susurra al oído. Los dones de Dios a través de él, la están sanando o al menos eso asegura él.
Tres días después la anciana fallece, eran los designios de Dios. Todo lo que hubiera sucedido, hubieran sido los designios de Dios.




