Louis Riel es un ejemplo de que la historia también debe revisarse y de que nada está escrito en piedra, coincide el historiador mexicano de origen francés, Jean Meyer, al hablar sobre su más reciente trabajo sobre el defensor de los derechos de los mestizos y de los indios de Canadá: El profeta del Nuevo Mundo (Taurus).
En la biografía que elaboró Jean Meyer —un trabajo que por diversas circunstancias se extendió a lo largo de 50 años— da cuenta de cómo el padre de la provincia de Manitoba pasó de ser tachado de traidor, asesino, hereje y loco, al pedir el respeto a los mestizos e indios del territorio canadiense, quienes ahora son considerados pueblos originarios de esta nación, a ser un héroe nacional, un héroe actual cuyas resistencia lo llevó a morir en la horca en 1885.
“El villano de ayer era el héroe de ayer, era el héroe de la resistencia de la nación mestiza, de las naciones indias, de los pueblos originarios, los pueblos primeros, como los llaman en Canadá”, comentó el doctor Jean Meyer en entrevista con SinEmbargo. “Es un héroe nacional, héroe de las minorías étnicas, pero también héroe de la resistencia pacífica, de un movimiento popular que pide la legalidad, nada menos y nada más que la legalidad y le contestan con balazos, y le contestan con el mecate de la horca”.
Louis Riel fue el líder del pueblo métis —una etnia mestiza, de ascendencia indígena y europea— que encabezó dos movimientos de resistencia contra el Gobierno canadiense: el primero, refiere la reseña sobre el libro, se desarrolló entre 1869 y 1870 y dio como resultado la creación de la provincia de Manitoba, y el segundo, en 1885, derivó en una guerra —la única que ha tenido lugar en el territorio de esta nación— alentada por el entonces Primer Ministro John Macdonald, y que le valió ser condenado a la horca a Louis Riel y a los indios a ser encerrados en reservas por más de 70 años, señala el texto.
El doctor Jean Meyer compartió que conoció la historia de Riel cuando tenía 22 años y estudiaba historia en Francia. En ese entonces, compartió, encontró al personaje en unos tomos de la Cambridge History y quedó fascinado:
“Cuando vi la evocación de la última batalla, guerra perdida de 300 combatientes, que ni tenían armas modernas, que al final tenían que arrancarse botones metálicos de la ropa como cartuchos frente a un ejército de 8 mil soldados que usaban cañones y ametralladoras, las primeras ametralladoras de la historia. Y entonces, esos 300 combatientes donde el más viejo, Moïse Ouellette, tiene 91 años, y el más chico tiene 14 años, y están a lado unos de otros; mestizos e indios, y los mestizos su canto de guerra, el himno famoso de bois brûlé, porque así los apodaban, leña quemada, por morenos. El canto de los bois brûlé y a lado está el tambor de guerra de los indios y los cantos de muerte de los indios que saben que van a morir. Cuando yo leí eso a los 22 años se me enchinó el cuerpo. Y nunca olvidé a Louis Riel”.
Las vueltas de la vida, recordó, lo llevaron a México en 1965 a estudiar la Cristiada. No obstante, cuatro años después sería obligado a dejar el país luego de que se aplicará el Artículo 33 al escribir un artículo sobre el movimiento estudiantil en América Latina, y tocar el tema de la matanza de Tlatelolco. “Y ahí cometí un pecado muy grave; dije: no se sabe quién es el responsable, pero mandaron al Ejército, corrió la sangre, entonces el Estado tiene que asumir la responsabilidad”.
De vuelta a Francia presentó un proyecto sobre Louis Riel, aunque en 1973 “se abrió una rendija” y pudo retornar a México, lo cual llevó a pausar de nuevo su trabajo sobre el político canadiense.
“Y finalmente, otra vuelta de la vida, un hijo nuestro, el director de cine, Matías Meyer, el autor de Los últimos cristeros, el autor de Yo, el autor de Amores modernos, casado con una canadiense de Quebec, después de vivir juntos 10 años en México, pues ella dice, ‘ahora me toca, vamos a vivir a Canadá’. ‘Papá, si mi tierra es México, qué puedo hacer como cineasta en Canadá’. Pues mira, tienes a este hombre, Louis Riel. Y entonces nos metimos a trabajar, él a escribir un guion y yo a terminar la investigación. Fuimos a hacer locaciones a Saskatchewan, en el lejano oeste de Canadá, donde se dieron las últimas batallas, y donde colgaron a Louis Riel”, comentó.
Y agregó: “Por eso tardó 50 años, sin desaparecer nunca, digamos, de mi visión, ese personaje. Y yo creo que eso está bien porque eso le da sentido a la vida de uno”.
Sin Embargo




