«Si la verdad es la primera víctima en una guerra en la medida en que todo se convierte en propaganda, la siguiente víctima es la decencia. Lo que los ejércitos de Putin están haciendo en contra de la población ucraniana es criminal, sin duda, pero lo que la opinión pública internacional está haciendo en contra de muchos rusos resulta indecente. Y desde luego no me refiero a los oligarcas corruptos, puntales del régimen ruso, a quienes merecidamente se les incautan yates y fortunas descomunales, sino a los ciudadanos de ese país que están siendo hostigados, despedidos y obstaculizados por algo de lo que no son responsables.
Constituye una infamia el sufrimiento de millones de familias ucranianas obligadas a dejar su hogar o a sufrir la muerte de alguno de los suyos por la invasión de soldados rusos a los que ellos personalmente no han hecho nada. Pero también lo es el hecho de que profesionales, artistas y deportistas rusos vean truncadas sus carreras simplemente por ser rusos. Se trata de dos infamias de escala distinta, pero sobre la primera no podemos hacer nada al respecto, salvo presionar a Putin para que la detenga; la segunda, en cambio, depende de nosotros. Envolviéndose en la bandera de la justicia y la moral Occidente está cruzando límites que dan como resultado actos arbitrarios e histéricos en contra de personas que no son responsables de las decisiones que toma su Gobierno. A nadie se le ocurrió impedir que Serena Williams participara en Roland Garros o a Madonna hacer una gira internacional, solo porque Bush hubiera invadido a Irak hace una década con motivos tan absurdos (armas de destrucción masiva) como los que esgrime ahora Putin y con consecuencias igualmente trágicas para millones de personas inocentes»: Jorge Zepeda.




