Presentación WMagazín Hace 110 años Franz Kafka (1883-1924), con 29 años, gestó una de las grandes obras de la literatura: La metamorfosis (o La transformación) que publicó en 1915. Una novela a la que le bastaron 60 o 70 páginas para convertirse en un clásico del siglo XX. Es uno de los libros con más interpretaciones por parte de críticos y escritores y anécdotas de sus lectores. Una de las más interesantes y originales del siglo XXI es la del autor español Juan José Millás, rescatada por Nórdica Libros en edición cartoné de la que hizo por el centenario de la publicación de la novela, en 2015, con la nueva traducción de Isabel Hernández y las ilustraciones de Antonio Santos.
WMagazín publica algunos pasajes de la mirada singular de Juan José Millás sobre la historia de Gregorio Samsa, el hombre que una mañana amanece convertido en un escarabajo. Si ya la novela se presta a diversos análisis, la visión de Millás y su contextualización, tanto de la época en que fue publicado, como del momento en que la leyó por primera vez y en otras ocasiones, enriquece el mundo de Kafka. En su mejor estilo, Millás ofrece capas de lectura, del humor a lo serio, de lo serio a lo absurdo, de lo absurdo a lo profundo, de lo profundo a lo fantástico, de lo fantástico al realismo… Y así para hablar de una mirada sobre el ser humano del siglo XX y XXI. Como cuando dice:
«No importa cuántas veces penetre uno en este libro; al final siempre se pregunta lo mismo: ¿Cómo lo ha hecho? Y es que se trata de una novela sin forro. Quiero decir con ello que le das la vuelta y es exactamente igual por un lado que por otro: ni siquiera es fácil advertir, una vez colocada del revés, esa fina cicatriz que en los calcetines delata si se encuentran de uno u otro lado. No hay forma de verle las costuras. […] La simpleza aparente del relato es tal que si uno va levantando capas de materiales narrativos en busca del motor primordial, cuando levanta el último velo no hay nada detrás. Nada. En eso, curiosamente, La metamorfosis nos recuerda a la vida».
Esperamos que disfrutes esta original lectura de La metamorfosis y sea la vía para releer la novela o descubrirla:

‘La metamorfosis’, de Franz Kafka
Prólogo: Mamíferos e insectos
por Juan José Millás
James Joyce, con Ulises, y Franz Kafka, con La metamorfosis, se encuentran en los dos extremos de un arco en cuya curva cabe casi toda la literatura que se ha escrito a lo largo del siglo xx. Tratándose por otra parte de dos de las novelas que mejor lo han contado, llama la atención que sean tan distintas. Ulises es un libro complejo y de apariencia complicada al mismo tiempo: un artefacto literario lleno de palancas y botones y luces y compartimentos que solo se deja conducir por lectores muy experimentados. Además, es una novela larga. La metamorfosis, en cambio, que no tendrá más allá de 60 o 70 folios, es a primera vista un relato sencillísimo, sin dificultades formales visibles, en el que podría penetrar un adolescente cuya biografía lectora acabase de comenzar. La del irlandés es de 1922; la del checo, de 1915. Contemporáneas del todo, en fin. Por eso constituyen también dos modos de aproximarse a la realidad, tanto como a la literatura, y por eso cada una, en su registro, continúa siendo un misterio.
(…)
La metamorfosis, en cierto modo, era lo contrario de lo que representaba Ulises: corta, simple, muy manejable (cabía en el bolsillo de atrás de un pantalón vaquero tratándose también de una edición argentina), sin referencias cultas visibles que le atosigaran a uno. Y la había leído un día del mes de agosto de 1964 que nada tendría que envidiar al 16 de junio de 1904. Me sorprendió que nadie, en los círculos que frecuentábamos entonces, hablara de esta novela, pero por otra parte, me decía, ¿puede tratarse de una obra maestra acumulando tantas características que la alejan del modelo vigente, el Ulises? Pues a las diferencias citadas todavía era preciso añadir una más: contaba la historia de alguien que se transforma en insecto. ¿No sería, pues, una novela fantástica apta para jóvenes que se iniciaban en la lectura, pero no para un verdadero gourmet literario? No me atreví, pues, a recomendarla a aquellos temperamentos sesudos con los que discutía cada día de cine, literatura y teología, pues éramos expertos en todo, no tanto por la suficiencia característica de esa edad como por las carencias de la época que nos tocó vivir.
Un día, no obstante, en un momento de debilidad me atreví a hablar de La metamorfosis a uno de los lugartenientes del grupo con el que había llegado a trabar cierta intimidad. Recuerdo que me miró con cierta condescendencia y me dijo lo que ya me temía oír:
—Es una buena novela juvenil.
Maldije mis gustos literarios, pero continué visitando y revisitando La metamorfosis en la intimidad, mientras continuaba acudiendo en grupo a las expediciones organizadas para visitar el Ulises (o la catedral). Tuvieron que pasar muchos años antes de que pudiera entrar en la novela de Joyce sin la impresión de estar en medio de un grupo de turistas japoneses (que tenían los rostros de mis compañeros de facultad, curiosamente), y sin que un listo (chino y prochino, si pensamos en la época) me explicara al oído por qué llevaba Leopold Bloom una patata en el bolsillo. Por fortuna, cuando esto sucedió yo ya no tenía ningún complejo en reconocer a La metamorfosis como una de las grandes novelas del siglo XX. Ni al Ulises, desde luego, aunque entendidos de la época me ayudó a comprender algunas cosas que luego me fueron más útiles para la vida que para la literatura.
(…)




