Llegó el momento de cambiar la política antidrogas en el mundo: Gustavo Petro

El presidente colombiano Gustavo Petro dijo este domingo en su primer discurso tras tomar posesión del cargo que llegó el momento de cambiar la política antidrogas prohibicionista en mundo para que esa estrategia, que “ha fracasado”, permita la vida no genere la muerte.

“¿Vamos a esperar que los próximos 40 años otro millón de latinoamericanos caiga bajo el homicidio y dos millones 800 mil norteamericanos mueran por sobredosis? ¿O más bien cambiamos el fracaso por un éxito que permita que Colombia y Latinoamérica puedan vivir en paz?”, planteó el nuevo presidente colombiano ante varios gobernantes de la región que asistieron a su juramentación.

En el acto de transmisión de mando, realizado en la central Plaza de Bolívar de Bogotá, el político izquierdista de 62 años sostuvo que si el mundo de verdad quiere respaldar a la región debe comenzar por reformular la estrategia punitiva contra los estupefacientes.

“Que nos quieren apoyar, nos dicen una y otra vez en todos los discursos, ¡pues cambien la política antidrogas!, que (eso) está en sus manos, en el poder mundial, en las Naciones Unidas”, aseguró el exguerrillero del M-19 que se acogió a un pacto de paz en 1990 y que luego fue varias veces congresista y alcalde de Bogotá.

Petro, primer izquierdista en llegar a la presidencia de Colombia, afirmó que la guerra contra las drogas ha llevado a los Estados “a cometer crímenes; nuestro Estado ha cometido crímenes y ha evaporado el horizonte de la democracia”.

Ante decenas de miles de campesinos, indígenas, afrocolombianos y gente del común que convirtió la Plaza de Bolívar en una fiesta popular, sostuvo que “es hora de una nueva Convención Internacional que acepte que la guerra contra las drogas ha fracasado”, que “fortaleció a las mafias y debilitó los Estados”.

La iniciativa del nuevo presidente para impulsar un debate regional y global sobre la reformulación de la estrategia prohibicionista contra los narcóticos que ha alentado Estados Unidos desde hace más de medio siglo es un componente de su propuesta de “paz total” para Colombia, un país en el que la guerra interna se ha financiado con el dinero de la cocaína.

Aunque en 2016 el gobierno del entonces presidente Juan Manuel Santos –presente en la ceremonia— firmó un acuerdo de paz con la guerrilla de las FARC, quedan en armas disidencias de ese grupo que no se acogieron a ese pacto y que se dedican al narcotráfico; el insurgente Ejército de Liberación Nacional (ELN) y poderosas bandas criminales que manejan el negocio de la cocaína.

Petro ofreció una negociación con todos esos actores armados, tanto con la guerrilla del ELN, como con las disidencias de las FARC y con las bandas criminales, a las que les ofreció acogerse a una nueva ley –que se tramitará en el Congreso— en la que podrán someterse colectivamente a la justicia y desmantelar sus estructuras, a cambio de rebajas de penas para sus integrantes.

“Tenemos que terminar, de una vez y para siempre, con seis décadas de violencia y conflicto armado. Se puede”, aseguró en el discurso inaugural de su mandato.

Sostuvo que cumplirá, “a rajatabla”, el acuerdo de paz con las FARC, que el saliente presidente Iván Duque se rehusó a implementar en la mayoría de sus puntos, y que seguirá las recomendaciones del informe de la Comisión de la Verdad, que propuso en su informe final en junio pasado transitar hacia la despenalización de las drogas.

Petro dijo que trabajará de manera incansable “para llevar paz y tranquilidad a cada rincón de Colombia” y que su gobierno será el de la vida y la paz y “así será recordado”.

Para ello, dijo, impulsará diálogos sociales en todos los rincones de Colombia “para encontrarnos en medio de las diferencias, para expresarnos y ser escuchados, para buscar, a través de la razón, los caminos comunes de la convivencia”.

“Es la sociedad toda –agregó– la que debe dialogar sobre cómo no matarnos y sobre cómo progresar. En los diálogos regionales vinculantes convocamos a todas las personas desarmadas, para encontrar los caminos del territorio que permitan la convivencia. No importa los conflictos que allí haya”.

Y enseguida convocó “a todos los armados a dejar las armas en las nebulosas del pasado, a aceptar beneficios jurídicos a cambio de la paz, a cambio de la no repetición definitiva de la violencia, a trabajar como dueños de una economía próspera pero legal que acabe con el atraso de las regiones”.

Proceso