«El texto que estoy escribiendo aparecerá el 25 de diciembre. Un día de Navidad no invita al análisis muy elaborado de los difíciles momentos que estamos viviendo. Me limitaré, pues, a rápidos comentarios sobre lo que ha quedado pendiente en materia de política exterior este año, listo para resolverse o, me temo, enredarse todavía más en 2023.
Empiezo por señalar que no ha habido una verdadera política exterior, con estrategias y objetivos definidos. Ha habido pronunciamientos desconectados, contradictorios, apresurados que provienen del presidente López Obrador o del canciller Marcelo Ebrard. Raramente coinciden. Los del presidente además de confusos son agresivos; los del canciller no tienen esa carga negativa, pero no aclaran ni resuelven las confusiones que siembra el presidente.
El caso más emblemático de esa falta de coordinación es la relación con España. De acuerdo con el presidente, ésta se encontraba “en pausa”, situación poco constructiva si tomamos en cuenta que ese país es el principal inversionista europeo en México, así como el principal interlocutor para defender intereses de nuestro país en la Unión Europea.
Resultaba, entonces, positivo que se celebrara una reunión binacional para limar asperezas, normalizar la relación y poner en marcha nuevos acuerdos de interés común para ambos países. Al término de la reunión, que se llevó a cabo la semana pasada, se informó a la opinión pública que ésta había sido muy exitosa y dejó muy satisfechos a los cancilleres de México y España.
Sin embargo, algo surgió en el camino, posiblemente un tema poco relevante para la reanudación de relaciones cordiales, como fue el permiso de residencia en España para el expresidente Felipe Caderón. Sea como fuere, el presidente se disoció de las palabras de su canciller, negó que se hubieran reestablecido relaciones cordiales y revivió el espíritu de confrontación que caracterizó su carta de 2019, solicitando que se pidiera perdón por los agravios causados a México durante la Conquista. Recordó que, al no haber recibido respuesta a dicha carta, México mantenía fuertes reservas para la reanudación de relaciones cordiales con España. Inútil advertir que la solicitud de pedir perdón en la forma y términos en que fue planteada no tendrá nunca una respuesta positiva»: Olga Pellicer.




