«Sin el apoyo de las figuras liberales que buscaron un nuevo liderazgo no militar ni imperial de Estados Unidos después de la caída del muro de Berlín y de la disolución de la Unión Soviética, la administración del presidente Joseph Biden parece estar configurada por el enfoque ideológico del neoconservadurismo republicano.
El condicionamiento de México para asistir a la IX Cumbre de las Américas en dos semanas en Los Angeles encontró en la actitud arrogante de la Casa Blanca de reservarse el derecho de admisión un espacio para impedir la reconstrucción del viejo modelo de protectorado regional que en Washington se resumió en la concepción monroísta de que América Latina y el Caribe constituyen el patio trasero de la mansión presidencial estadounidense que tiene el concepto racista y el modelo de construcción de una casa blanca de los tiempos de la esclavitud georgiana.
Si se revisa con sentido estratégico el contenido del discurso muy sencillo del presidente López Obrador exigiendo la presencia de todos los países sin distingos de régimen político, Cuba, Nicaragua y Venezuela podrían ser considerados como argumentos propiciatorios para arrinconar a la diplomacia imperial estadounidense y la obligarla a reconocer que el objetivo del neorrepublicano Joseph Biden sería la oficialización de un mecanismo de certificación política e ideológica sobre los gobiernos de la región, coartando los nacionalismos y sobre todo los derechos de los pueblos para darse el régimen que desean o para aceptar de manera pasiva el sistema que le impongan las élites explotadoras locales»: Carlos Ramírez.




