Lo que la narrativa oficial intenta presentar como un clima de tranquilidad social en Durango, en la práctica se ha traducido en un régimen de extorsión, despojo y asfixia económica. El crimen organizado ha mutado: ya no es solo una red de tráfico, sino un monopolio forzado que captura sectores estratégicos y extrae hasta el 40% del valor del trabajo de nuestros productores, como ocurre dramáticamente en el sector ganadero.
En mi más reciente análisis, «Pacto criminal y urgencia de voluntad política», abordo por qué la tolerancia gubernamental frente a estos grupos es un cálculo de altísimo riesgo que destruye nuestro patrimonio y aísla comercialmente a la entidad (como el reciente cierre fronterizo del USDA).
En este documento analizo:
🔸 La anatomía económica del monopolio criminal y cómo utilizan al sector formal.
🔸 La falacia del autoengaño gubernamental ante la crisis de soberanía.
🔸 Las lecciones clave para recuperar el control territorial mediante una voluntad política indeclinable y el fin de la complicidad.
La inacción ya no es opción. Es momento de que el sector empresarial, la sociedad civil y los medios exijamos la restitución del Estado de Derecho.
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