Quise hablar de las desapariciones, el delirio que representan: Iñárritu

En medio de una de las calles del Centro de la Ciudad de México una mujer que camina, cae de la nada y su cuerpo yace en el suelo. Silverio Gama (Daniel Giménez Cacho), quien es testigo del acto, se acerca a ella asustado para preguntarle cómo se encuentra, la mujer le responde que ha desaparecido y que mejor se vaya de ahí porque saber lo que le sucedió sería un peligro para él.

Gama, junto a las personas que también se acercan a la escena deciden alejarse. La mujer sigue en el suelo y la vida a su alrededor sigue. La gente la esquiva, no la mira, si quiera, aunque en esa misma calle otros empiezan a caer como ella.

La escena pertenece a Bardo, falsa crónica de unas cuantas verdades, el filme más reciente del cineasta Alejandro González Iñárritu, un collage onírico que viaja a través del regreso de Silverio Gama, un renombrado periodista y documentalista mexicano que vive en Los Ángeles, y quien después de recibir un prestigioso premio internacional, se ve obligado a regresar a su país, en donde se encuentra con realidades dolorosas como la crisis de desaparecidos de México.

“Yo creo que es una forma en que traté de abordar algo tan complejo, tan irritante, tan inentendible por la cantidad de desaparecidos, que son ya 120 mil desaparecidos, sin explicación. Una democracia que traté en unos breves instantes con imágenes, hablar un poco de lo que creo que todos los mexicanos compartimos, que esa incertidumbre y el miedo, y la indignación, el delirio que esto representa. Sí creo que lo intenté, decirlo de una forma que abriera la posibilidad de que cada uno lo interpretara de la manera que quisiera”, señala González Iñárritu en entrevista con SinEmbargo.

La cinta, estrenada en México en el marco del Festival Internacional de Cine de Morelia (FICM), es un ejercicio introspectivo de Iñárritu en el que él mismo se refleja en su personaje principal con viejas y nuevas ideas que han visitado su mente, aunque también, como su protagonista lo señala, dentro del filme, “con unas cuantas falsedades”.

El regreso de Silverio Gama a su país lo hace encontrarse con su ‘mexicaneidad’ que había olvidado. No sólo transita a través de los problemas del México actual como el narco o la migración, sino también hace un recorrido a la historia del país en el que se encuentran el pasado de un México sometido con la llegada de España y el México actual, revisando en éste y otros pasajes el peso de la historia en el mexicano.

“Hay un par de eventos como la Conquista, como un país conquistado, somos un país mestizo, somos un país donde esa herida está aún abierta, que estamos todavía asimilando, que hay debate eterno de lo que se ganó y de lo que se perdió y esa balanza que es todavía imposible de obtener, o de reconocer o de liberarse o de integrarla, y hay la invasión americana o la situación del narcotráfico, ese tipo de cosas, tanto del pasado como del presente, o como inclusive del futuro que teme esta persona que un día nos compre una corporación parte del país”.

Bardo es un bucle en el que González Iñárritu se da el permiso de imaginar y también ser cínico consigo mismo y su realidad. Como lo advierte, el filme aborda desde las situaciones más íntimas, vulnerables y personales, hasta las que se comparten en un país entero.

Dentro de las personales, se encuentra una de las escenas más intimas de la cinta que ahonda en la paternidad, aunque en realidad el tema termina uniendo a muchas personas.

Sin Embargo