Este año surgió una producción musical en la que la obra del premio Nobel colombiano Gabriel García Márquez se unió finalmente a uno de los tipos de música que el escritor siempre tuvo presente.
El disco Homenaje a Cien años de soledad en seis vallenatos surgió con la intención de que “pudieras hacerte una idea –imposible, narrarla completa en seis canciones–, pero que se entendiera desde el origen de la fundación de Macondo, hasta el final de la novela, pasando por la masacre de las bananeras o la peste del olvido”, explicó el periodista y fotógrafo Camilo Rozo, uno de los encargados del proyecto.
Para entonces, Rozo ya había hecho dos obras con las que comenzó a profundizar acerca de García Márquez por un lado, y sobre la historia del vallenato en Colombia, por el otro. “Un proyecto se llamó Un vallenato nueve senderos, que es un libro de café sobre las nueve temáticas del vallenato tradicional, lo que cantaban los juglares, las temáticas a las que se les componía en el pasado hasta la era de Diómedes Díaz”, contó.
El segundo material apareció años después. Se trataba de un recorrido fotográfico por los lugares plasmados en la obra del escritor. Esta empresa lo llevó a conocer a especialistas en la literatura de García Márquez, así como a estudiar y retratar esos espacios: el colegio en que estudiaría Fermina Daza, protagonista de El amor en los tiempos del cólera; el mercado que inspiró la escritura de Crónica de una muerte anunciada, y otros muchos sitios como la propia ciudad de Cartagena de Indias.
Debido a ese bagaje, una cervecera colombiana pidió a Rozo hacerse cargo del proyecto musical que integraría a seis músicos jóvenes con la obra más importante de García Márquez.

“Me encargué sencillamente de buscar –o de simplificar y optimizar los pasos– que iban a hacer que la novela fuera resumida y se le pudiera dar a los compositores para que entraran en el proceso de ejecución de estas canciones”, comentó el periodista.
Con ayuda del escritor Alonso Sánchez Baute, especialista en la obra del Nobel colombiano, lograron condensar 400 páginas en tan sólo 12 y dividirlas en seis capítulos a los que terminaron llamando hitos, con los que mantuvieron la estructura de la novela. A partir de ese trabajo, los gabólogos enviaron sus propuestas a los músicos, quienes tuvieron que comprimir todavía más los motivos.
A lo largo del proceso recibimos las composiciones; inicialmente la letra. Las analizamos, las estudiamos. Vigilamos que fueran acorde con lo que habíamos pasado y que respetaran la intención de los artistas, pero que narrativamente contuvieran lo que queríamos que fuera un buen resumen de cada hito, detalló el periodista colombiano.
“Creo que el proceso fue el óptimo, es decir, que un gabólogo como Alonso pudiera convertir la novela en seis hitos y que seis compositores los pudieran traducir en música, a pesar de la prosa, la letra y la métrica, teniendo en cuenta los cuatro ejes del vallenato”, destacó Rozo. Cada canción narra muy bien cada hito y son respetuosas con todo aquello de lo que se trata musicalmente el vallenato; además, son respetuosas con lo que se trata en la obra.
La Jornada




