«La mañana del pasado 11 de octubre el tradicional partido de la derecha mexicana, Acción Nacional, decidió cambiarse el nombre por Unid@s. Para ello, inventó a un puñado de organizaciones con nombres de ficción —UNE, Sí por México, Frente Cívico, Sociedad Civil, Unidos por México, y Poder Ciudadano— que le quitaran el peso de “partido político”. En el evento en el comunista Polyforum Siqueiros, leyendo de un telepromter, uno de los oradores, Emilio Álvarez Icaza, convocó a “todas las ideologías y hasta los que no tienen ideologías”, también a “grupos indígenas y gente de las ciudades” para derrotar a la 4T en 2024. Pero el acto, presidido por dos panistas, Medina Plascencia, que llegó al gobierno interino de Guanajuato en 1991 por un regalo de Carlos Salinas de Gortari, y Ana Lucía Medina, diputada de Acción Nacional en Michoacán que compitió en la misma fórmula que la hermana de Felipe Calderón por ese partido y con el PANAL de Elba Esther Gordillo, en 2011, fueron los encargados de hablar a nombre de algo que llaman “sociedad civil”.
Pero este acto estuvo enmarcado por dos eventos de la derecha mediática: la publicación de correos electrónicos del ejército mexicano y la aparición de un nuevo libro, de los 18 que han sido publicados, contra López Obrador. Así, no sólo se creó una “sociedad” de mentiras, sino que se le acompañó de noticias de un país que no existe, donde el ejército espía periodistas, y el Presidente López Obrador es corrupto. De esto trata esta columna, del país que la derecha está empeñada en crear.
Empecemos por el hackeo que se dio a conocer entre los días 20 y 23 de septiembre y que fue reivindicado por un grupo llamado “Guacamaya”. Esta agrupación se autodefine contra “las fuerzas del Estado-Nación, el neocolonialismo y el neoliberalismo de quienes abusan de las personas de los pueblos y que gracias a los organismos policiales se apropian de los recursos naturales”. Según su propia definición, serían hackers al servicio de la causa de los defensores del territorio y en contra de las mineras, petroleras, y saqueadoras del agua. Suponemos que defienden a los pueblos indígenas. Pero, en un acto de congruencia, le entregaron los documentos de la Sedena a un reconocido anti-neoliberal, anti-imperialista, amigo de las comunidades indígenas: Carlos Loret de Mola y su plataforma financiada con recursos desviados de salud del estado de Michoacán, propiedad de la familia de Roberto Madrazo Pintado. También, la “Guacamaya” atacó la ciberseguridad de los ejércitos de países latinoamericanos hoy gobernados por la izquierda: Colombia, Chile y Perú. Así, parece que no están contra “el Estado-Nación”, sino sólo contra ciertos gobiernos, de cierta tendencia»: Fabrizio Mejía Madrid.




