Son 8 de cada 10 mujeres en México viven en algún grado de pobreza

Los modestos avances que se habían logrado en materia de reducción de la pobreza en México se desvanecieron con la llegada de la crisis de Covid-19; del 2018 al 2020 se registraron 3.8 millones de pobres más en el país. Y aunque la crisis golpeó a toda la población, el impacto ha sido desproporcional para algunos grupos, las mujeres conforman uno de los más afectados.

En el país 8 de cada 10 mujeres viven bajo algún grado de pobreza o vulnerabilidad por ingresos o por carencias sociales, de acuerdo con la más reciente medición de la pobreza realizada por el Coneval (Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social). En términos absolutos se observa con mayor claridad: México tiene 65.5 millones de mujeres de las cuales 50 millones están en pobreza o riesgo de ella y sólo 15.5 millones están libres de experimentar alguna dificultad económica o social.

La pobreza importa, pero la vulnerabilidad también, justamente porque todas las personas que se encontraban en los límites del bienestar económico y social fueron mayoritariamente las que entraron a la pobreza. Esto explica por qué el rubro que presentó el aumento más pronunciado fue el de la pobreza extrema; en 2018 había 4.5 millones de mujeres que no tenían acceso ni siquiera a la canasta alimentaria y para el 2020 ya son 5.5 millones.

De modo que la crisis económica y laboral que implicó la pandemia empujó a los pobres a ser más pobres y provocó que los vulnerables sean cada vez más.

Las carencias sociales también incrementaron de manera importante para las mujeres mexicanas. El 67.1% de la población femenina (43.9 millones) presenta al menos una carencia social y 21.9% (14.3 millones) tienen tres o más carencias.

La seguridad social es la más persistente de todas las carencias sociales; un tercio de las mujeres no está afiliada a ningún sistema de contribución como el IMSS o el ISSSTE. Esto no sólo implica un mayor conflicto para ingresar a instituciones de salud, también implica que están fuera de las cotizaciones sociales para acceder a un retiro digno o a créditos hipotecarios.

Y así como el impacto no ha sido igual para mujeres en relación con sus pares hombres; entre las mujeres también hay grupos más vulnerables. La interseccionalidad permite observar cómo la suma de ciertas condiciones económicas, raciales, étnicas o sexuales pueden potencializar la vulnerabilidad de las personas.

Las mujeres indígenas enfrentan significativamente mayor riesgo ante la crisis que representó y sigue representando la Covid-19. En México 8 de cada 10 (83.4%) mujeres indígenas viven con algún grado de pobreza o vulnerabilidad, y conforman el grupo más grande de mujeres en pobreza extrema.

Casi la mitad de las mujeres indígenas ni siquiera pueden costear la canasta básica de alimentos ni aunque destinaran todos sus ingresos a ello.

El Economista