«El día de mañana se cumple el ritual que algunos recibimos con menos entusiasmo que a una endodoncia. Año tras año nos sometemos al aburrimiento implícito en cuatro horas de una entrega de premios cada vez menos sorpresivo y cada vez más indicativo de la decadencia de una industria.
Los ratings no mienten. En 2021 la entrega del premio Óscar tuvo una audiencia de apenas 10 millones de personas. El año pasado mejoró un poquito, pero eso se debió sobre todo al bofetón que le dio la vuelta al mundo. Y opacó todo el resto de la ceremonia. ¿Alguien recuerda el título ganador de Mejor Película? O más aún ¿alguien recuerda esa película, Coda: Señales del corazón?
Fuera de los oficinistas que hacen quinielas con los premios, creo que el Óscar ha perdido la mayor parte de su interés. Siempre han sido discutibles sus listas de películas nominadas y no necearemos nuevamente sobre la arbitrariedad de éstas. Pero últimamente se ha perdido aún más la conexión entre la calidad y la cantidad de público. Muchos argumentan que esa es la razón por la cual poca gente se interesa en ver la transmisión»: Leonardo García Tsao.




