«El sino del escorpión nunca fue la diplomacia, como sí ocurrió con muchos escritores y periodistas designados en puestos relevantes de las embajadas y consulados mexicanos en medio mundo. Sobre los escritores en la diplomacia Monsiváis advirtió: “Si están al servicio de un país, y de sus intereses políticos, económicos y culturales, los elegidos deben someter sus dotes singulares ajustándolas a las exigencias del puesto, sin por eso perderlas…”. El aserto de Cortázar fue más tajante en Rayuela: “Nada mata tanto a un hombre como representar a un país”.
A caso nos aferramos a nuestra digna tradición diplomática a pesar de comprobar cómo el poder dispone de estos bien remunerados y lucidores puestos para recompensar lealtades o vengar agravios, convirtiendo las designaciones en tragicomedia ajena a la jerarquía de los diplomáticos de carrera del Servicio Exterior»: Alejandro de la Garza.




