¿Y si Venecia muere?

«Mientras la frivolidad y el esnobismo de los primeros visitantes flotan por sus canales y por la sede de la bienal, Venecia se hunde inexorablemente. Como si recibiera el último aliento, con una dignidad de diosa que se descubre mortal, sabiéndose ultrajada por las masas de turistas sin personalidad, sin cultura, sin sueños, sin capacidad de asombro, pero con una necesidad de cumplir con los piks de Instagram y ser reconocidos como quienes tienen acceso al famoso must.

Sin consciencia del daño que le hacen a Venecia y a cada sitio que suben a sus redes, sin entender que el turismo es algo más que una competencia por quién llegó primero y posteó antes que nadie. Así es como la ciudad que fuera centro neurálgico del Renacimiento, de la intriga política de cortesanos y reyes poderosos, del arte que solo puede existir ahí, de la historia de mundanidad de seres que gozaban la vida igual que eran arrasados por una epidemia; Venecia pierde habitantes cada día y se consagra a ser un sitio más en el que los millones de instagrameros dejarán su impronta. Una impronta mediocre, inútil, vacía, fruto de la imagenología a la que esa red nos ha condenado»: Susan Crowley.

Sin Embargo