«La crisis que enfrenta Joe Biden y la tragedia que vive Haití han puesto a México contra la pared. El humanismo y el nacionalismo nunca han sido buenos compañeros; algunos “ismos” pueden congeniar entre sí, pero por lo general se estorban unos a otros. El amor que se dispensa en función de un pasaporte suele ser mezquino con el resto de la especie humana.
Los mexicanos estamos atrapados justo en esta perversa paradoja. La dura disyuntiva que supone elegir entre los intereses nacionales inmediatos y la solidaridad tantas veces prometida frente a millones de seres humanos de- sesperados. Abrir fronteras a los que piden refugio por hambrunas, persecuciones políticas y raciales, violencia y otras calamidades nunca ha sido una medida popular entre los ciudadanos de un país anfitrión. Lo vive Europa con los refugiados sirios y Colombia y Ecuador con oleadas de angustiados venezolano»: Jorge Zepeda.




