«Solo cuando baja la marea descubres quién ha estado nadando desnudo.»
— Warren Buffett (Inversor y magnate)
Para entender la salud económica de una región, no basta con mirar cuánto vende; es indispensable observar cuánto capital confía en su futuro. A nivel nacional, el motor comercial de México ruge con fuerza: tan solo para abril de 2026, el país reportó exportaciones por 72,042 millones de dólares (mdd), consolidando un superávit comercial. Sin embargo, al poner la lupa sobre Durango, nos encontramos con una de las dicotomías financieras más dramáticas y preocupantes del último año.
Por un lado, tenemos el espejismo exportador. Si leemos los titulares de manera superficial, parece que Durango avanza: al cierre del cuarto trimestre de 2025, el estado exportó 799.8 mdd, logrando un crecimiento anual del 7%. No obstante, sabemos que el diablo está en los detalles. Este «crecimiento» nos mantiene con una participación marginal del 0.5% a nivel nacional (ocupando un modesto lugar 20 de 32). Más importante aún, este empuje no viene de la manufactura avanzada o la innovación, sino de la tierra misma: la minería aportó 169.1 mdd, disparándose un 56.9% anual. Estamos vendiendo nuestros recursos, pero ¿estamos construyendo capacidad productiva a largo plazo?
La respuesta nos la da la Inversión Extranjera Directa (IED), y aquí es donde la realidad nos golpea de frente. Como las notas en “Do Mayor» de nuestro cantante frustrado.
Mientras las exportaciones extractivas crecían, el capital foráneo huía del estado de forma alarmante. El 2025 fue un año verdaderamente dramático para la atracción de capital en la entidad. Durango cerró el año con una severa descapitalización, acumulando una caída neta de -81.5 millones de dólares en IED, lo que nos arrastró al sótano del país, ocupando el lugar 29 de 32 entidades.
El contraste es brutal y las matemáticas no mienten. Si comparamos la fotografía del cierre de 2024, cuando logramos captar +306.9 millones de dólares en IED, con el cierre de 2025, que registró un doloroso saldo rojo de -15.5 millones, estamos hablando de un desplome absoluto: una desinversión del -113.2% anual.
¿Qué nos dice esta asimetría?
Nos está gritando una falla estructural grave. Durango está demostrando que tiene materias primas que el mundo quiere comprar (minería), pero carece de las condiciones estructurales, de certidumbre o de infraestructura que los inversionistas globales necesitan para instalarse y quedarse.
Exportar recursos primarios mientras el capital de inversión se esfuma es la receta clásica para el estancamiento regional. El capital extranjero no miente: huye cuando el ecosistema de negocios no es competitivo. De cara al futuro, la agenda pública y privada de Durango no debe conformarse con celebrar que sacamos más mineral de la tierra; el verdadero reto, la verdadera emergencia económica, es detener esta hemorragia de IED y volver a poner al estado en el mapa del capital global antes de que el tren del nearshoring nos deje atrás de manera definitiva.
Leonardo Álvarez / leonardo.alvarez@gdinnovaciones.com



